Hoy es un lunes muy especial. Nos plantamos en junio de 2026 para celebrar las tres décadas de un trabajo que definió el sonido de los noventa. Un disco que, según el propio Beck, es "su segundo, tercero o cuarto álbum, dependiendo de quién esté contando". Nos referimos a Odelay, una genialidad inclasificable lanzada en junio de 1996.
Hace solo unos días, el mismísimo Beck recordaba en sus redes sociales cómo se gestó esta locura. Nos contaba que este disco fue una completa sorpresa; un proyecto casero grabado en 1995 junto a sus vecinos, los Dust Brothers. Imagínense la escena: armando beats y grabando con instrumentos encontrados en tiendas de segunda mano y en el venerable Software Recycler. Todo esto ocurriendo en un dormitorio diminuto, en medio de esos días eternos del sur de California, cargados de polvo y smog.
Un disco completamente experimental que terminó en alta rotación en MTV y en las radios alternativas de todo el planeta. El músico no se olvida de sus cómplices y dejó un agradecimiento especial para los Dust Brothers, Mario Caldato y su eterno baterista Joey Waronker por ayudar a dar vida a este disco, citamos, "extenso y bizarro".