Hoy damos un salto hacia atrás en la línea de tiempo, justo al año 1991, para revisar el Big Bang de una de las bandas más ambiciosas y singulares del rock alternativo: El álbum debut de The Smashing Pumpkins: el místico y abrasador "Gish".
Editado en mayo de 1991, apenas unos meses antes de que el grunge de Seattle lo devorara todo, Gish plantó una bandera completamente distinta en Chicago. Mientras el mundo se preparaba para el desencanto ruidoso, un joven y obsesivo Billy Corgan, junto a James Iha, D'arcy Wretzky y el virtuoso Jimmy Chamberlin, decidieron revivir la psicodelia de los 70, el heavy metal melódico y las texturas del dream pop.
Todo esto bajo la producción de un hombre clave: Butch Vig, quien usó este disco como el laboratorio sonoro perfecto antes de encerrarse a grabar el Nevermind de Nirvana. Gish es un álbum dinámico, lleno de misticismo, guitarras superpuestas y una batería con tintes de jazz que suena como un cañón.