Hoy nos situamos exactamente hace cuatro décadas. Viajamos a 1986, el año en que Peter Gabriel dejó de ser el secreto mejor guardado del art-rock para convertirse en un fenómeno global sin perder un ápice de elegancia ni de vanguardia.
Hoy celebramos los 40 años de So, un álbum que no solo vendió millones de copias, sino que dignificó el pop llevándolo a terrenos de la antropología y el arte visual. Un disco que es, a la vez, una catedral de sonido, un experimento de ritmos africanos y una colección de canciones pop perfectas.