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David Carrillo en Hora Crítica: ¿Quién paga la cuenta?
A las 18 horas del 19 de octubre de 2019 en Valparaíso, los manifestantes que habían avanzado hasta la plaza Victoria luego de congregarse en distintos puntos de la ciudad intentaron tomar la calle Pedro Montt, lo que activó la inmediata respuesta de Carabineros con sus dispositivos que desde hacía rato esperaban a que se iniciara la refriega, de seguro, repasando en sus mentes las imágenes de lo que había ocurrido en la víspera y ese mismo día en la capital del reino.
Así comenzaba el estallido social en nuestro puerto, dando paso a un periodo de incertidumbre en el cual se confundieron graves episodios de violencias, pero también potentes manifestaciones ciudadanas, de las cuales casi nadie habla en el presente. De los responsables de las primeras nunca se supo -sí podemos afirmar que no fueron extraterrestres ni agentes de gobiernos extranjeros-, mientras que de las segundas sí sabemos que fueron miles de porteños y porteñas, de viñamarinos y viñamarinas y de personas de toda nuestra región, que salieron a las calles, pacíficamente -con afanes muy distintos entre ellos-, pero con un ánimo de cambio no visto desde el retorno a la democracia.
Resulta explicable todo esto, por supuesto que sí. Una explicación no implica justificar actos de violencia, por cierto que no. Sin embargo, la discusión publica no admite una reflexión sin que ello se contamine por la mirada unilateral, que reduce aquellos días solo a la violencia. Es cierto que hubo hechos gravísimos de destrucción, vandalismo y saqueo, que hubo graves excesos en la represión que terminaron con decenas de personas con daño ocular y que la política estuvo completamente al margen, con un gobierno incapaz de hacer frente a la contingencia con un mínimo tino.
Sin embargo, en medio de este vacío, después de una notoria ausencia surgió, como no ocurría hace tiempo, la política, la buena política, para hallar una salida, la que llegó tiempo después en una madrugada de noviembre y que abrió paso a un inédito proceso constituyente.
Lo que vino después, paradójicamente, fue el fracaso de la misma política que enrumbó el proceso, en una farra imperdonable que nadie tuvo la capacidad de prever ni menos de frenar.
Y como siempre ocurre en Chile, nadie responde ni paga las consecuencias, como lo que está ocurriendo hoy mismo con los fondos de pensiones, lo más grave que ha acontecido en el último tiempo y a lo que poca atención se le ha dado. De eso y más hablaremos hoy en esta Hora Crítica.

