Blog En panorámica
David Carrillo en Hora Crítica: "El 5 de octubre y los partidos políticos"
Una de las preguntas recurrentes de los primeros años de la democracia fue si había llegado la alegría que prometía este himno que escuchamos al inicio. Conforme pasó el tiempo, y también con las decepciones propias de cada época, amén de las ocurridas con las aspiraciones personales, de modo recurrente se dijo que, simplemente, la alegría no llegó.
Próximos a celebrar el lunes venidero un nuevo aniversario del plebiscito del 5 de octubre de 1988, y a la luz del presente, aunque sea, brevemente, conviene mirar hacia atrás y juzgar aquello.
Chile por aquel entonces era un país marcado ya no por solo por la tragedia del golpe de Estado, sino sobre todo por las consecuencias del mismo y la prolongación de una dictadura cuya brutalidad dejaba una estela de muertos, desaparecidos, torturados y violentados, de los que poco se sabía. La situación económica no era nada halagüeña, con una pobreza que afectaba a más del 40% de la población, en un país aislado internacionalmente, pero cuyo destino estaba, finalmente, en sus propias manos.
Así, y a pesar del ambiente amenazador, y tal como recomendaba Patricio Bañados cada noche durante la campaña electoral, sin miedo, sin violencia, el pueblo concurrió a votar y se pronunció mayoritariamente por cambiar su destino, votando No en todas las regiones, salvo en la de la Araucanía.
Un factor relevante para que ello ocurriera fue la concurrencia fundamental de los partidos políticos que se organizaron tras la opción del No.
En esta época en que el prestigio de los mismos está por el suelo, conviene relevar el aporte y conducción que dieron a ese proyecto colectivo que consistía en recuperar la democracia.
A 38 años de esa gesta, ciertamente Chile ha progresado, la pobreza ha disminuido, y se tiene mayor acceso al consumo. Esto ha sido en razón de un modelo de desarrollo que trajo altos costos para algunos sectores, y que ha alimentado nuevas exigencias de progreso individual, relegando de un modo significativo un proyecto colectivo.
En este tránsito conviene juzgar, justamente, el rol de los partidos políticos en la actualidad. Si se observa con una mínima atención, lo único posible de advertir es su incapacidad para construir una visión de país que convoque a la mayoría (basta mirar los resultados de las primeras vueltas de las dos últimas elecciones presidenciales).
Y es que los partidos políticos constituyen un pilar de la democracia, lo cual los convierte en esenciales, de allí que, actuaciones como la 1988 ponen en evidencia lo relevantes que pueden llegar a ser. Sin embargo, si no están a la altura sucede, por ejemplo, lo de octubre de 2019, en que la ausencia de ellos derivó en un movimiento carente de conducción, y que si bien cuando los partidos intervinieron logró encausarse, lo que vino después ya sabemos: fue el más rotundo fracaso del que pudo ser un proyecto aglutinador que reviviera la épica de 1988 y le permitiera a los chilenos y chilenas creer que es posible soñar con un mejor país.
Con todo, soy de los que cree que la alegría llegó, porque no hay comparación entre vivir en libertad o sin ella. Por ello, cuando a propósito de los problemas del presente se nos dice que la solución pasa por restringir la libertad, digo que no solo debemos oponernos, sino también saber que se trata de una amenaza a nuestra democracia, preciado bien por el cual a pesar de todo debemos sentirnos alegres.
En este video esto y el comentario de la semana política.

