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David Carrillo en Hora Crítica: "La costumbre de callar"
En medio de los vociferantes políticos de uno y otro lado, tal como manifesté el 11 de septiembre pasado, y ante la indiferencia de la gran mayoría, el gobierno ha perseverado en un conveniente silencio ante hechos del pasado y del presente, mostrando una indiferencia y oportunismo impropios, especialmente cuando respecto de otras situaciones se usan expresiones como clemencia y humanidad. Es la costumbre de callar.
Como manifesté en este espacio para la conmemoración del golpe de Estado, el gobierno calló de un objetable modo y no ofreció siquiera una palabra de empatía con las víctimas y la defensa de la democracia. Lo mismo hizo pocos días después cuando se conoció la muerte del gran director Patricio Guzmán, autor de una obra reconocida en el mundo entero, cuyo deceso, dada su trayectoria y aporte al país, ameritaba una declaración de duelo nacional tal como se ha otorgado a tantas y tantos, merecidamente, por cierto. En este caso resultaba más que necesario, tratándose de un Premio Nacional y de una personalidad que tanto aportó al país. Esta semana, otra vez el silencio se hizo presente, aunque con la complicidad de los monjes de la izquierda, cuando se cumplió un nuevo aniversario de la muerte del más insigne de nuestros poetas, Pablo Neruda, a quien se ha borrado en el presente porque pecó, como escribí en una columna esta semana. Y el Presidente también calló, estando incluso en Estados Unidos, al cumplirse 50 años el barbárico asesinato de Orlando Letelier y Ronni Moffitt. Solo un video del canciller y una foto para recordar a dos personas muertas de modo tan cruel. Tan impresentable como aquello es la negativa de la mayoría de la Cámara de Diputados y Diputados a otorgar el único silencio que sí era pertinente, en recuerdo del excanciller.
Así concluye septiembre, dejando en pausa los horrores y todo aquello que tenga que ver con la vida y los derechos humanos hasta el próximo año, cuando, seguramente, cada vez menos, rompamos el silencio para mirar el pasado como se debe para así poder construir el futuro. Si alguna vez se comprende aquello, tal vez, aunque sea en la hora postrera, podremos sanar de verdad la herida que sigue manando el dolor de aquel infausto mes.
Esto y más en la presente Hora Crítica.

