Blog En panorámica
Editorial: Los radialistas somos una especie diferente de comunicadores.
Yo no llegué a la radio a través del periodismo; llegué como un fan, como un auditor curioso fascinado desde la infancia por un medio que había sido compañía absoluta en momentos de soledad. Era un niño que grababa casetes y escuchaba noticias. En mi casa se escuchaba radio: mi padre encerrado en su escritorio desde muy temprano bajo una nube de humo, aroma a café y «El Diario de Cooperativa»; mi mamá corrigiendo pruebas al ritmo de «El club de los fantasmas».
En mi adolescencia abría los ojos y encendía la radio, el mejor regalo de cumpleaños de mi vida. Al terminar el día apagaba la luz, pero solo eso; muy despacio, la música acompañaba mi velada. Probablemente en el dial universitario de finales de los ochenta descubrí toda la música que ha sido la banda sonora de mi vida, y para eso había que esperar, trasnochar y estar atento.
La primera vez que llegué a una radio estaba dispuesto a hacer cualquier cosa; me daba igual. Miraba pasar a periodistas, productores y locutores, y me imagino que era la misma emoción que sienten aquellos amantes del fútbol al ver pasar a sus ídolos deportivos cuando entran al estadio. Así tuve un paso iniciático por radioemisoras capitalinas a principios de los noventa. Nunca gané un peso, pero créanme que, en esa época, literalmente hubiera pagado por estar ahí.
Cuando me convertí en periodista, la vida profesional me llevó por distintos caminos. Había que ganarse la vida, la radio era una opción entre muchas y fue quedando atrás mientras intentaba tejer cualquier oficio que me permitiera pagar el arriendo; así volví a ser un fiel auditor durante muchos años.
Veinte años después de ese primer acercamiento, con una vida hecha, en medio de una profunda crisis personal y en una ciudad distinta a la que me vio crecer, sin buscarlo —sin pensarlo siquiera—, la radio se convirtió en el salvavidas que necesitaba para volver a conectarme con el mundo, e incluso con la vida.
Hoy es el Día del Trabajador Radial y pensaba escribir sobre la resiliencia del medio en la era digital; sin embargo, de eso hay miles de páginas escritas por gente mucho más capacitada que yo. Creo que mi historia se parece a la de muchos y se la dedico, como fan, a todos mis colegas: a quienes se sientan tras el micrófono, a productores, periodistas, técnicos y radiocontroles. Porque este es un medio distinto; los radialistas somos una especie diferente de comunicadores, somos quienes con la voz y el sonido construimos una experiencia sensorial que se transforma en imagen, traspasamos emociones y logramos eso que en este mundo moderno es tan esquivo: construir confianza y ser compañía permanente en medio de tanta soledad e incertidumbre.
Un gran abrazo para todos los trabajadores radiales.

