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David Carrillo en Hora Crítica: "Aunque se maquille el nuevo estado de excepción es una amenaza a la libertad"
Nos creyeron tontos, repetía una y otra vez la canción de Los Tres en los años 90. El paso del tiempo, sin embargo, no ha eliminado esa creencia enquistada en la clase política: hace poco un sector de ella afirmaba que el rechazo al texto del primer proceso constituyente se debió a la incomprensión de la gente sobre aquella propuesta. Ahora mismo, pero desde el otro extremo, nos dicen que para hacer frente con eficacia a la delincuencia es necesario modificar la intocable Constitución de Pinochet y así darnos la seguridad prometida, a cambio, eso sí, de intervenir los barrios con militares, escuchas de comunicaciones y toques de queda que pueden ser eternos.
Pero, aunque muchos políticos sigan creyendo que la gente es tonta porque no comprende un proyecto constitucional o porque se le puede engatusar con promesas de seguridad a cambio de sacrificar libertades, lo cierto es que cuando el pueblo habla no solo demuestra sabiduría y sino también que piensa mejor que parlamentarios, ministros y todo tipo de dirigentes políticos. No por nada hubo un contundente rechazo al proyecto que resucitó la Carta que nos heredó la dictadura y no por nada con el mero asomo de las encuestas el gobierno de Kast comienza a retroceder en su propuesta antidemocrática de persecución delictual.
Sin embargo, el maquillaje que se propone para la llamada Agenda Contra el Crimen Organizado y el Terrorismo, ACOT, no resulta suficiente para cambiar sus premisas, que colisionan con nuestro sistema democrático, y que como ya manifesté el pasado 7 de agosto, cuando recién se esbozaron los primeros aspectos de esta iniciativa, afectará principalmente a los más pobres.
En efecto, más allá de que este estado de excepción ahora se proponga que sea visado por el Congreso sigue siendo una amenaza para las personas de los barrios que serán sitiados, restringiendo de modo no conocido la libertad de los vecinos y vecinas.
Lo mismo se puede decir respecto de otras disposiciones como las relativas a la detención de inmigrantes, las situaciones de las personas privadas de libertad y la pérdida de derechos, todo lo cual constituye una amenaza a la democracia y el primer paso -y sin retorno- a una deriva autoritaria absolutamente impropia.
Con todo, lo que queda claro es que esta iniciativa -a juzgar por el derrotero que ha seguido en tan corto tiempo- no es más que la demostración palmaria de que no había plan y de que se trata de una improvisación, amén de que hasta ahora nadie ha preguntado y por cierto menos explicado por qué considera al terrorismo. Y esto confirma, además, que Arrau no es Quiroz.
De esto y de gente bien que se dedica a las estafas, robo y tráfico, además de lo que nos deja la semana política, hablamos en esta edición de Hora Crítica.D

