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Blog En panorámica

Editorial: El avance de discursos que violan la dignidad humana disfrazados de incorrección política

27/07/2026
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La difusión masiva del registro audiovisual en el que Ítalo Omegna —asesor del Partido Nacional Libertario (PNL), panelista de streaming en la cofradia y figura asociada a la derecha libertaria— realiza burlas dirigidas a niños dentro del Espectro Autista (TEA) junto con comentarios despectivos y de sesgo sexual, ha desatado una ola de repudio transversal. La exigencia categórica de la Federación Nacional de Autismo demandando su salida, sumada a la indignación de organizaciones sociales y redes ciudadanas, forzó su renuncia formal como asesor del diputado Enrique Marowski y su desvinculación del Instituto Mises. Sin embargo, reducir este episodio a un mero "desliz individual" de un provocador digital sería un ejercicio de ceguera política insostenible.

Lo que Omegna escenificó ante los micrófonos no fue un descuido desafortunado; fue la traducción discursiva de la matriz ideológica del ultralibertarianismo. En una corriente de pensamiento que promueve la atomización de la sociedad, el desprecio por la solidaridad orgánica y el rechazo a todo principio de cuidado comunitario, la vulnerabilidad humana deja de ser una dimensión a proteger para convertirse simplemente en debilidad.

Resulta revelador observar la reacción de su ecosistema político. Mientras Johannes Kaiser intentaba una rápida maniobra de contención mediática afirmando que como colectividad "no se hacen cargo de declaraciones de ese calibre", la interna de sus propios cuadros parlamentarios develó el verdadero sentir del sector. Que el diputado Enrique Marowski (PNL) haya calificado a Omegna como un profesional "inteligente y comprometido" en el mismo instante en que confirmaba su renuncia, deja en evidencia que la condena institucional es un mero formalismo decorativo cuando, entre bambalinas, se disculpan o relativizan los rasgos de crueldad en función del "talento" o la "lealtad militante".

Esta doble moral pone al descubierto una profunda distorsión. Se llena la boca apelando a la "defensa de la infancia desde el momento de la concepción" y la "protección de la familia", pero cuando sus propios referentes violentan simbólicamente a niños con neurodivergencia y a sus familias, el rigor punitivo que suelen exigirle a otros se transforma en un encogimiento de hombros y en elogios de despedida.

No se puede obviar el agravante institucional de este caso: la vinculación de Omegna a espacios e iniciativas de trabajo con niños, niñas y adolescentes (NNA). Cuando el discurso del odio y la deshumanización habita en personas que orbitan la formulación de políticas públicas o el trabajo directo con la infancia, la alerta ciudadana no puede limitarse a la simple renuncia de un cargo. La sociedad chilena no puede naturalizar la crueldad ni elevar a la categoría de "provocación política" o "batalla cultural" lo que derechamente constituye una vulneración a los derechos fundamentales de las personas.

Frente al avance de discursos violatorios de la dignidad humana disfrazados de incorrección política, la respuesta democrática debe ser categórica: la verdadera libertad no es la licencia para pisotear al vulnerable; es la construcción colectiva de una sociedad donde el respeto a la diversidad y la dignidad humana sean pisos éticos irrenunciables.

El defensor de la niñez, Anuar Quesille, comentaba al respecto este fin de semana: “En casos como este, no basta la mera separación de las personas involucradas, pues se requiere un pronunciamiento explícito de la coalición en su conjunto, que asuma su responsabilidad y asuma un compromiso claro, verificable y sostenido con la protección de los derechos de niños, niñas y adolescentes”.