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Blog En panorámica

Editorial: Día del padre...

22/06/2026
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Celebrar el Día del Padre en Chile siempre ha tenido un sabor distinto al de la madre. No se trata de competir, pero mientras mayo paraliza al país en torno a la figura materna, junio avanza con una frialdad que no es solo estacional. Esto no es una mera percepción: las encuestas confirman que, ante una emergencia, el papá suele quedar relegado al cuarto lugar entre las opciones de auxilio familiar. Nuestra historia cultural, sumada a una contundente realidad económica, nos obliga a mirar esta fecha sin idealizaciones.

De hecho, la festividad de la madre ocupa un lugar de privilegio en el corazón de los chilenos, solo superada por hitos masivos como las Fiestas Patrias o la Navidad, y situándose muy por encima del Día del Niño, San Valentín o el Día del Padre. Desde una perspectiva comercial, el Día de la Madre es un fenómeno implacable que proyecta mover cifras récord por sobre los US$ 2.000 millones, impulsando un gasto promedio por hogar que ronda los $285.000 durante esa semana. En contraste, el Día del Padre se vive con un perfil mucho más bajo, un menor volumen de consumo y compras de última hora que apenas logran mover la aguja del comercio minorista.

Esta diferencia comercial tiene raíces profundas. Cabe considerar que el Día del Padre nació formalmente de un decreto supremo en 1976, en plena dictadura militar, intentando institucionalizar un rol que históricamente ha caminado entre la ausencia y el peso del "proveedor lejano". En Chile, la idea del padre ausente es casi un rasgo fundacional. El mismísimo "Padre de la Patria", Bernardo O’Higgins, cargó con el estigma del “huacho” —aquel hijo criado al margen del progenitor—. Fue su madre, Isabel Riquelme, quien actuó como pilar inquebrantable en la guerra, el exilio y la construcción de su vida, mientras su padre gobernaba desde la distancia del poder y el estatus.

Hoy, en pleno 2026, esa herencia de ausencia sin duda ha mutado, ¿pero cuánto? La reciente Operación Renta dejó una postal cruda de nuestra realidad social: la Tesorería General de la República retuvo más de 1.400 millones de pesos a más de 10 mil contribuyentes debido a deudas por pensiones de alimentos. Pero el problema no es solo financiero; se manifiesta también en el incumplimiento de las visitas, el abandono emocional o afectivo —incluso en padres cohabitantes— y en la falta de reconocimiento legal al nacer. De hecho, según cifras oficiales del INE, alrededor de 20.000 recién nacidos al año no son reconocidos por su progenitor al momento del parto. Esta cruda realidad nos llama a incomodarnos y, sin duda, empaña la celebración.

Sin embargo, precisamente porque la cancha está tan empantanada, este día cobra un valor inmenso para quienes sí decidieron romper el ciclo. Hoy toca celebrar con fuerza a esos padres que entienden que mudar, escuchar, abrazar y estar presentes no es "ayudar a la mamá", sino ejercer el derecho y el deber de la paternidad. A los que no aparecen en las listas de retención judicial porque su mayor capital es el tiempo y el cuidado cotidiano entregado a sus hijos.

Saludar a los padres en su día debe ser un acto de profunda honestidad. Un aplauso cerrado a los que se quedan, a los que cuidan y a los que sostienen desde el amor y la corresponsabilidad. Y, al mismo tiempo, un recordatorio social de que a la paternidad chilena todavía le falta mucho para saldar sus deudas históricas y económicas. Queda mucho camino para que el papá sea el primer llamado cuando las papas queman.