Por no tener un papel, dice la canción. Qué diferencia hace aquello. Así se desprende del complejo caso de niños haitianos que, aunque al parecer sí portaban un simple papel que les permitió entrar a nuestro país sin sus progenitores, hoy son buscados pues no sabemos cómo fue posible que esto ocurriera: si se trató de un esfuerzo humanitario o si hay algo más detrás de ello. Cualquiera sea el derrotero que siga este caso, me parece que más que la bravata política en que amenaza en convertirse, debería significar un cambio en la mirada sobre los migrantes en nuestros país, a los cuales desde hace meses se les amenaza y respecto de los que no hemos hecho un debate serio, no por un tema político, sino porque se trata de personas, sí, de personas, y aunque parezca un absurdo tener que recalcarlo, en el Chile del presente parece no solo una obligación sino que una necesidad decirlo. Es de esperar que este caso sirva -más allá si entraron por la ventana o la puerta como les gusta decir en el gobierno- para atender la situación de los migrantes, todos, especialmente los niños. De este tema y de cómo se liga con las situaciones que viven muchos menores expuestos a abusos y de cómo, entretanto, el ejecutivo deja emanar el aroma de su mirada sobre el mundo del trabajo, los cuales debieran llamar la atención pública porque pueden ser de tonelaje, tal como la megarreforma.