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Blog En panorámica

Editorial: Congreso Nacional de Concejales "Expectativa V/S realidad"

19/06/2026
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El Congreso Nacional de Concejales y Concejalas celebrado en la Región de Coquimbo estaba destinado a ser una instancia de alto vuelo democrático. Una cita obligada para discutir sobre probidad, seguridad local y el fortalecimiento de una gestión municipal transparente. Sin embargo, en chile inevitablemente nos topamos con un concepto aprendido en el incierto mundo de las compras on line: “Expectativa versus realidad”.

Lejos de lo esperado, lo ocurrido no es una simple sumatoria de anécdotas desafortunadas; es una radiografía brutal del estándar ético e intelectual que hoy habita en los espacios más cercanos a la ciudadanía. Mientras los discursos formales apelaban a la dignidad del cargo, las cámaras de seguridad de un centro comercial registraban a una concejala de Lumaco hurtando ropa y lentes de sol por un valor superior a los trescientos mil pesos. En paralelo, en el recinto oficial, la proyección de un saludo en video del Presidente de la República desataba un bochornoso espectáculo de pifias, gritos y connatos de agresión que obligaron a suspender abruptamente la sesión.

Lejos del dialogo democrático esperado de nuestros servidores públicos, la violencia física y la frivolidad terminaron por tomarse por completo el evento. Registros y testigos dieron cuenta de otra bochornosa escena protagonizada por una concejala de Concón, quien se vio envuelta en un altercado violento marcado por empujones, insultos y agresiones verbales en pleno encuentro. Para coronar las jornadas de supuesta "capacitación", el verdadero punto de alta convocatoria no pareció estar en los talleres de gestión o transparencia, sino en las masivas fiestas nocturnas donde el alcohol, el desenfreno y las conductas impropias se pagaron, indirectamente, bajo el cómodo rótulo de viáticos y fondos institucionales.

Pasándose varios pueblos y más allá de lo meramente anecdótico, aquí nos enfrentamos a una preocupante degradación del concepto de representación. El concejal es el primer eslabón del Estado frente al vecino; el llamado a conocer el hoyo de la calle, la vulnerabilidad del barrio y las carencias del consultorio. Que esa investidura termine reducida al ridículo de una detención por hurto, al matonaje barra brava de los empujones o al descontrol de juergas nocturnas, demuestra un vaciamiento absoluto del sentido de responsabilidad pública.

La cumbre de Coquimbo debió ser un faro para discutir cómo blindar a los municipios de las malas prácticas. En cambio, terminó siendo el escenario ideal para poner a prueba el Registro Nacional de Vándalos e Incivilidades.

El Congreso Nacional de Concejales y Concejalas celebrado en la Región de Coquimbo estaba destinado a ser una instancia de alto vuelo democrático. Una cita obligada para discutir sobre probidad, seguridad local y el fortalecimiento de una gestión municipal transparente. Sin embargo, en chile inevitablemente nos topamos con un concepto aprendido en el incierto mundo de las compras on line: “Expectativa versus realidad”.

Lejos de lo esperado, lo ocurrido no es una simple sumatoria de anécdotas desafortunadas; es una radiografía brutal del estándar ético e intelectual que hoy habita en los espacios más cercanos a la ciudadanía. Mientras los discursos formales apelaban a la dignidad del cargo, las cámaras de seguridad de un centro comercial registraban a una concejala de Lumaco hurtando ropa y lentes de sol por un valor superior a los trescientos mil pesos. En paralelo, en el recinto oficial, la proyección de un saludo en video del Presidente de la República desataba un bochornoso espectáculo de pifias, gritos y connatos de agresión que obligaron a suspender abruptamente la sesión.

Lejos del dialogo democrático esperado de nuestros servidores públicos, la violencia física y la frivolidad terminaron por tomarse por completo el evento. Registros y testigos dieron cuenta de otra bochornosa escena protagonizada por una concejala de Concón, quien se vio envuelta en un altercado violento marcado por empujones, insultos y agresiones verbales en pleno encuentro. Para coronar las jornadas de supuesta "capacitación", el verdadero punto de alta convocatoria no pareció estar en los talleres de gestión o transparencia, sino en las masivas fiestas nocturnas donde el alcohol, el desenfreno y las conductas impropias se pagaron, indirectamente, bajo el cómodo rótulo de viáticos y fondos institucionales.

Pasándose varios pueblos y más allá de lo meramente anecdótico, aquí nos enfrentamos a una preocupante degradación del concepto de representación. El concejal es el primer eslabón del Estado frente al vecino; el llamado a conocer el hoyo de la calle, la vulnerabilidad del barrio y las carencias del consultorio. Que esa investidura termine reducida al ridículo de una detención por hurto, al matonaje barra brava de los empujones o al descontrol de juergas nocturnas, demuestra un vaciamiento absoluto del sentido de responsabilidad pública.

La cumbre de Coquimbo debió ser un faro para discutir cómo blindar a los municipios de las malas prácticas. En cambio, terminó siendo el escenario ideal para poner a prueba el Registro Nacional de Vándalos e Incivilidades.