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Blog En panorámica

Editorial: La zanja no será recordada como el escudo que frenó la irregularidad.

16/06/2026
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El reciente hallazgo de un puente —construido con sacos de tierra sobre la zanja fronteriza en Colchane— no es solo una anécdota de la astucia con la que operan las mafias del contrabando y el tráfico de personas; es, ante todo, una metáfora perfecta de los límites de la política espectáculo.

La zanja en la frontera norte fue la piedra angular de la narrativa de seguridad del presidente José Antonio Kast desde sus días de campaña. Presentada como una barrera infranqueable y un golpe definitivo a la migración irregular bajo el Plan Escudo Fronterizo, su construcción —iniciada en marzo de este año— buscaba transmitir una señal de control absoluto y mano dura. Sin embargo, apenas unos meses después, la realidad del desierto altiplánico se encarga de demostrar que nunca los problemas complejos se han resuelto solo haciendo un hoyo en la tierra.

El comisionado de la Macrozona Norte, Alberto Soto, ha intentado relativizar el hecho argumentando que esta transgresión era "esperable" debido a que el aumento del control estatal genera resistencia. Si bien es cierto que el despliegue del Ejército y Carabineros busca romper dinámicas de abandono institucional que duraron décadas, la justificación gubernamental peca de una preocupante complacencia. Si el puente era "esperable", ¿por qué no fue detectado por la tecnología de vanguardia y los drones que con tanta pompa se exhibieron en los canales oficiales?

La zanja corre el riesgo de consolidarse como un mero "show comunicacional", construir una fosa en medio de kilómetros de frontera desértica sin garantizar una vigilancia permanente, tecnológica y satelital, equivale a cerrar la puerta principal de una casa dejando las ventanas completamente abiertas. El crimen organizado y el tráfico de migrantes son redes dinámicas y adaptables; frente a un obstáculo físico, su respuesta no es la retirada, sino la elusión. En este caso, bastaron unos cuantos sacos de arena y tablones para neutralizar una de las promesas electorales más potentes del Ejecutivo.

Gobernar implica transitar de la retórica de campaña a la efectividad de la gestión pública. El Plan Escudo Fronterizo no puede sostenerse únicamente en el impacto visual de las máquinas excavadoras removiendo tierra en el norte. Si el Estado chileno aspira legítimamente a recuperar el control de sus fronteras, debe sustituir la improvisación por una estrategia integral: inteligencia policial coordinada con países vecinos, infraestructura conectada, sensores térmicos de alta fidelidad y, sobre todo, una dotación permanente y resguardada para nuestras fuerzas de orden en las zonas críticas.

El puente clandestino de Colchane debe operar como una temprana señal de alerta para La Moneda. Los símbolos políticos son útiles para ganar elecciones, pero son completamente inútiles frente a la cruda y persistente realidad de la frontera. Si el gobierno no complementa su despliegue físico con tecnología real y fiscalización permanente, la zanja no será recordada como el escudo que frenó la irregularidad, sino como una más de una larga lista de errores de esos de los que todos lo chilenos nos reímos con cierta vergüenza, como olvidar el puente Cau Cau, la fallida demolición del puente Huaquén, el colapso del puente Loncomilla, El fallido "Tren al Sur" en 2005 o la estación de metro fantasma Libertad Línea 5 del Metro: Ubicada en el barrio Yungay que fue construida en su obra gruesa pero nunca fue habilitada al público.v