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Blog En panorámica

Editorial: La relativización del factor humano o el nuevo negacionismo climático.

28/05/2026
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Durante medio siglo, el negacionismo climático se construyó sobre una mentira burda y directa: afirmar que el planeta no se estaba calentando. Sin embargo, a medida que los glaciares retroceden, las olas de calor baten récords históricos y las catástrofes meteorológicas nos azotan con mayor frecuencia, esa postura se volvió insostenible. Negar el cambio climático hoy equivale a sostener que la Tierra es plana. Por ello, quienes rechazan las transformaciones estructurales necesarias para mitigar la crisis han migrado hacia una estrategia mucho más sutil, sofisticada y peligrosa: la relativización del factor humano.

Las recientes declaraciones de la ministra del Medio Ambiente, Francisca Toledo, en televisión y radio, donde eludió sistemáticamente reconocer que la crisis climática es causada por las actividades humanas —argumentando reiteradamente que "hay divergencia" y que existen "otros argumentos" dentro de la discusión científica—, son el reflejo perfecto de este nuevo ropaje que ha adoptado el negacionismo.

Llamar "divergencia" al sólido consenso científico internacional es, en el mejor de los casos, un acto de desinformación y, en el peor, una alarmante irresponsabilidad política. Desde los informes del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático hasta las publicaciones de miles de climatólogos y centros de investigación alrededor del globo —incluyendo en nuestro país al Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2)—, la conclusión es unánime: el calentamiento global actual es antropogénico, gatillado de manera directa por la quema de combustibles fósiles y la destrucción de los ecosistemas. Al menos eso afirma hoy el 99% de la comunidad científica. No hay dos bandos equivalentes debatiendo; hay una realidad comprobada frente a un puñado de opiniones marginales.

El peligro de la relativización no radica en que proponga una teoría alternativa, sino en que instala artificialmente la duda. Al sugerir sutilmente la idea de presuntas "discusiones científicas", lo que se logra es diluir la urgencia de la acción. Porque si la culpa no es nuestra, si el fenómeno responde a ciclos naturales o a factores externos, entonces las políticas de descarbonización, los compromisos internacionales y las restricciones a las industrias contaminantes pierden completamente su urgencia. 

Ahora bien, que este discurso provenga de ciudadanos comunes ya es preocupante, pero que sea emitido y defendido por la máxima autoridad ambiental es inaceptable. Chile ha sido un líder regional en la promoción de una Ley Marco de Cambio Climático y en fijar metas estatales claras hacia la carbono neutralidad para el año 2050. ¿Cómo puede una secretaría de Estado liderar e implementar normativas de mitigación y adaptación si su propia cabeza pone en entredicho la causa raíz del problema que busca resolver?

Remediar el calentamiento global requiere la convicción de que los actos humanos tienen consecuencias climáticas que debemos enmendar. Sin embargo, hoy el nuevo negacionismo, en vez de gritar que el cambio climático es un invento, susurra que "es debatible" y que "hay que ser cautos". Esta estrategia paraliza la acción y busca esconder la resistencia ideológica de intereses económicos inconmensurables bajo el manto del escepticismo razonable.