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David Carrillo en Hora Crítica: Quiroz avanza mientras el resto del gobierno, el oficialismo y la oposición siguen en el extravío político (y el olvido del español)
“Una lengua es algo más que un medio de comunicarse, es una cultura, lo que significa que ciertas ideas, cierta literatura y cierta historia han impregnado las palabras. Los hispanoamericanos tuvimos suerte. España forma parte de la cultura occidental y con ella llegaron a nuestras playas Grecia, Roma y junto con Cervantes, Shakespeare, Moliere, Goethe, el Dante y las instituciones que promovieron el progreso y fundamentalmente la democracia y la libertad”
La inconfundible voz del gran escritor peruano, Mario Vargas Llosa, nos ilustra brevemente sobre las virtudes del español, el idioma que compartimos con millones de personas en todo el mundo y al que ponía en valor en estas palabras en que llamaba a defenderlo en la propia España, según era su parecer. Obviando el contexto en que las pronunció, lo cierto es que ese mensaje nos debiera hacer más sentido que nunca por estos días en esta parte del mundo llamada Chile, en la cual la política -particularmente en el último tiempo-, con especial esmero nos ha demostrado la decadencia y la insolvencia que muchos chilenos y chilenas tienen en el dominio de esta lengua, que desde El Quijote en adelante ha provisto a la humanidad de monumentales obras como, para no ir tan lejos, las de nuestros nobeles, Gabriela Mistral y Pablo Neruda, cuya dominio de la misma, proviniendo ambos de lo que hoy denominamos regiones, llevaron a este idioma a lugares excelsos reconocidos universalmente.
Qué ha pasado en esta tierra que vio nacer a esos titanes, y a tantas y tantos otros, para que en el presente un Presidente de la República, el primer ciudadano de la república, y una ministra de Estado, hasta hace poco fiscal regional, tengan un dominio tan limitado del idioma. Qué puede esperar un país si personas con formación y que ocupan los más alto espacios de la institucionalidad nacional no son capaces de distinguir entre una metáfora y una exageración; o no logran ilustrar un problema y dar sustento a una política respecto del mismo, esbozando un ejemplo como el del sándwich de un modo difícil de comprender, en el caso del Presidente. Qué está sucediendo cuando debemos presenciar y escuchar una intervención en que -perdonen que lo diga con toda la franqueza del mundo - una ministra de Estado hace una lectura propia de un niño que apenas hilvana una sílaba con otra y pareciera no comprender o no haber visto y oído nunca las palabras que con dificultad intenta leer.
Y estos son ejemplos de apenas una semana, pues hay tantos provenientes de la política solo en este año, que reflejan que nos hallamos sumidos en un estado de deterioro intelectual que no puede sino augurarnos un futuro incierto.
Así, mientras se festina con memes o videos por estos tremendos yerros, la política se moviliza en torno -como dije la semana pasada- a un ir venir de tonteras sin sentido, mientras el coloso en que se ha convertido el ministro Jorge Quiroz avanza sin transar con claridad sobre sus objetivos y defendiendo el tinglado que supone la megarreforma de un modo en que, guste o no, es propio de quien tiene claridad sobre sus objetivos. ¿Será porque Jorge Quiroz es simplemente un buen lector? No dudo en que algo de ello hay.
Hago esta hora crítica amigos y amigas, con desazón.
Pero vamos por parte y entremos al terrenal y enlodado mundo de la política. Escucha aquí el resto de este espacio.

