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Blog En panorámica

Editorial: Sobregiro

07/05/2026
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Hoy 7 de mayo, cuando recién hemos recorrido 127 días de este 2026, Chile ha llegado a un punto de no retorno para el resto del año: el sobregiro ecológico. A partir de hoy, nuestro país opera bajo un déficit ambiental estructural, habiendo agotado la totalidad de los recursos naturales que la Tierra es capaz de regenerar en un ciclo de 365 días. En términos financieros, hemos vaciado la cuenta de ahorros de la naturaleza y, desde mañana, comenzaremos a vivir del crédito de las generaciones futuras.

La noticia, aunque se ha vuelto una costumbre amarga en la última década —siendo esta la séptima vez consecutiva que nos sucede—, no pierde su gravedad. Chile vuelve a ostentar un título del que nadie debería estar orgulloso: ser la primera nación de Latinoamérica en entrar en esta zona de insolvencia ecológica. Según los datos de la red Earth Overshoot Day, nuestro ritmo de consumo es sencillamente insostenible. Si cada habitante del planeta adoptara el estilo de vida de un ciudadano chileno, necesitaríamos 2,71 planetas Tierra (según la métrica ajustada) para sostener la demanda global.

El sobregiro no es solo un concepto estadístico o un "presupuesto" abstracto. Traducido a la realidad, significa que estamos emitiendo más dióxido de carbono del que nuestros bosques y océanos pueden absorber, y estamos extrayendo recursos —agua, suelo, biomasa— a una velocidad que supera la capacidad de resiliencia de nuestros ecosistemas.

Es imperativo cuestionar por qué, pese a los discursos sobre "transición energética" y "economía circular", la fecha del sobregiro en Chile sigue adelantándose o estancándose en niveles críticos. En el continente, solo somos superados por gigantes industriales y de consumo como Canadá y Estados Unidos. Esto revela una desconexión profunda entre nuestro modelo de desarrollo, basado mayoritariamente en la extracción, y los límites físicos de nuestro territorio.

La complacencia no tiene cabida cuando estamos "girando cheques" que la naturaleza no puede cobrar. Seguir creciendo a costa del capital natural no es progreso; es una hipoteca que ya estamos pagando con sequías prolongadas, pérdida de biodiversidad y degradación de suelos.

¿De qué sirve ser "líderes regionales" en la protección de parques o en la generación de energías limpias si no somos capaces de reducir la presión real sobre el consumo y la generación de residuos? El tiempo ambiental de Chile para 2026 se agotó hoy. Lo que hagamos de aquí a diciembre será, literalmente, vivir a costa de lo que ya no tenemos. La pregunta no es cuándo se acabarán los recursos, sino cuándo entenderemos que no podemos seguir operando en la quiebra.