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Blog En panorámica

Editorial: Negar el género es como negar la gravedad.

07/04/2026
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Ayer, durante la sesión de instalación de la Comisión de la Mujer y Equidad de Género en la Cámara Alta, la senadora Vanessa Kaiser manifestó no estar “de acuerdo con un Ministerio de la Mujer”, agregando con ironía que también debería existir una cartera para los hombres. A esto sumó una interesante cuña: “Quiero decirles que los hombres van a la guerra y mueren, mientras las mujeres nos quedamos en la casa. Los hombres se suicidan cuatro veces más que las mujeres y mueren mucho antes, justamente porque no tienen esas horas en su casa con afectividad, con emotividad de entrega de corazón”. Bajo esta premisa, declaró no estar de acuerdo con la "genitalización de nuestra antropología, yo no soy lo que me auto percibo genitalmente –dijo- yo soy una buena o una mala persona, soy una buena o una mala profesional y según eso es que tengo que ser juzgada por los demás" Finalmente, la senadora calificó la perspectiva de género como “una religión” y advirtió que “están destruyendo la igualdad ante la ley”, concluyendo que “todo esto hay que revisarlo”.

Lo expresado por la parlamentaria no es solo una crítica política a una gestión ministerial; es un manifiesto que busca restaurar un orden social basado en la segregación de funciones y la biología como destino. Al afirmar que "los hombres van a la guerra y las mujeres se quedan en casa", Kaiser no describe la realidad del Chile actual, sino que invoca una nostalgia patriarcal que resulta, paradójicamente, perjudicial para los mismos hombres que pretende defender.

Es cierto que los varones presentan mayores tasas de suicidio y mueren antes, pero esto no ocurre por una "falta de horas de afectividad en casa", sino por un sistema que les prohíbe ser afectuosos, mostrarse vulnerables o pedir ayuda fuera del entorno privado. El mismo modelo que Kaiser defiende es el que construye y justifica la soledad masculina.

El argumento de que "los hombres también son víctimas" es una verdad utilizada para sostener una conclusión falsa. La existencia del dolor masculino no anula la necesidad de políticas específicas para las mujeres; la justicia social no es una competencia para determinar quién sufre más, sino un ejercicio para reconocer y abordar vulnerabilidades específicas.

Un Ministerio de la Mujer no existe para certificar "víctimas", sino para corregir barreras estructurales —como la brecha salarial, el acoso o la desigual distribución de los cuidados— que impiden que la capacidad profesional sea evaluada en una cancha equilibrada. Negar el género es como negar la gravedad: se puede no creer en ella, pero sigue determinando cómo caen las cosas.