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Blog En panorámica

Editorial: Ocio.

02/04/2026
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Es recurrente la controversia sobre la vigencia de los feriados en Chile —esta vez a propósito del Viernes Santo— y suele quedar atrapada en un reduccionismo alarmante. Bajo la lupa de los indicadores económicos, cada pausa en el calendario es tratada como un tumor que resta décimas al crecimiento del país. Sin embargo, esta visión tecnocrática padece de una ceguera fundamental, confunde la existencia con la producción. 

Como bien advertía el profesor Nuccio Ordine, vivimos bajo el yugo de una lógica que solo reconoce valor en aquello que genera un beneficio económico inmediato. En su obra, Ordine denunciaba cómo la educación, la cultura y el descanso están siendo asfixiados por el pragmatismo. Al cuestionar un feriado únicamente por su impacto en las arcas, la sociedad chilena está enviando un mensaje peligroso: que el tiempo solo es legítimo si es transable.

La defensa del ocio no es una apología a la flojera. Por el contrario, es la protección de la soberanía personal. El feriado de Semana Santa, más allá de su origen dogmático, representa uno de los pocos reductos donde el ciudadano no es tratado como un "recurso", sino como un ser humano. En palabras del Cardenal Chomali “El trabajo está al servicio del ser humano, no al revés. No es una mercancía que se transa en el mercado”

Es cínico lamentar las tasas de agotamiento laboral en Chile mientras se presiona por eliminar los espacios de desconexión. Cuando una sociedad no se detiene a reflexionar, a leer o simplemente a contemplar, esa sociedad pierde su espíritu crítico.

El desarrollo de un país no puede medirse solo en infraestructura o consumo. Si, como decía Ordine, "lo inútil es lo más útil", es porque en esos momentos de supuesta inactividad es donde se gesta la creatividad, se fortalece el tejido familiar y se recupera la salud mental. Un ciudadano que descansa es un ciudadano que puede pensar; un ciudadano que solo trabaja es un engranaje que termina por romperse.

Chile debe decidir si quiere ser una fábrica que opera las 24 horas o una sociedad de personas libres. Sacrificar el ocio en pos de la eficiencia es una victoria pírrica: ganaremos unos puntos en el PIB, pero perderemos el sentido de la vida en común. Es hora de entender que el descanso no es un lujo que nos permitimos, sino el derecho mínimo que nos mantiene humanos.