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Blog En panorámica

Editorial: Ojo con la quiebra, la comunicación política no es un juego retórico.

25/03/2026
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Ayer, mientras el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, visitaba por primera vez el Congreso con su plan para enfrentar el alza de los combustibles bajo el brazo, en las redes sociales del Gobierno se leía el siguiente mensaje:¿Por qué no podemos bajar el precio de la bencina con el Mepco? Porque nos dejaron sin plata: un Estado en quiebra, endeudado en más de 49 mil millones de dólares y con la caja completamente vacía.

La comunicación política no es un juego. El reciente episodio en las redes sociales oficiales del Gobierno —donde se afirmó sin tapujos que Chile enfrenta un “Estado en quiebra”— cruza una línea roja que la prudencia política no debería permitirse. Aunque las publicaciones fueron borradas tras el evidente espanto de los mercados y el desmarque inmediato del ministro de Hacienda, el daño reputacional ya flota en el ambiente.

Utilizar el concepto de “quiebra” para justificar el alza de los combustibles y la falta de uso del Mepco no solo es una imprecisión técnica flagrante; es una irresponsabilidad que pone en riesgo la fe pública y la estabilidad financiera del país.

Para tenerlo claro, un Estado entra en quiebra (o default) cuando es incapaz de cumplir con sus obligaciones de deuda. A pesar del deterioro fiscal, Chile mantiene activos, capacidad recaudatoria y, sobre todo, una clasificación de riesgo que muchos vecinos envidiarían.

Decir que “no hay plata” o que la caja está “vacía” para explicar un “bencinazo” es una simplificación populista que busca trasladar el costo político de una decisión económica difícil hacia la administración anterior, utilizando el miedo como escudo. Es, en palabras simples, una posverdad institucionalizada, muy utilizada en tiempos de campaña, pero hoy, siendo gobierno, es importante medir el riesgo de las palabras.

Cuando el canal oficial de un país le dice al mundo que está “quebrado”: ahuyenta la inversión, encarece el crédito y debilita la autoridad.

Es cierto que la situación fiscal es estrecha y que el manejo de las arcas en el período de Boric dejó flancos abiertos y una caja fiscal mínima. Sin embargo, la solución no es la pirotecnia comunicacional ni el alarmismo.

Gobernar implica administrar la realidad, no incendiarla para culpar al antecesor. Si el Gobierno quiere “vender” su plan de ajuste, debe hacerlo con la verdad técnica por delante, no con eslóganes que, en el intento de ganar un punto en la encuesta semanal, terminan hipotecando la credibilidad internacional de Chile. El Estado no está quebrado, pero la confianza en la comunicación gubernamental, sí.

El país debe hacer ajustes, sin duda, y entre ellos deberá ajustar el tono y la pertinencia con que se comunica, pues hoy, a diferencia de ayer, no es solo su barra brava la que está prestando atención a sus palabras.

Ayer, mientras el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, visitaba por primera vez el Congreso con su plan para enfrentar el alza de los combustibles bajo el brazo, en las redes sociales del Gobierno se leía el siguiente mensaje:

“¿Por qué no podemos bajar el precio de la bencina con el Mepco? Porque nos dejaron sin plata: un Estado en quiebra, endeudado en más de 49 mil millones de dólares y con la caja completamente vacía”.

La comunicación política no es un juego. El reciente episodio en las redes sociales oficiales del Gobierno —donde se afirmó sin tapujos que Chile enfrenta un “Estado en quiebra”— cruza una línea roja que la prudencia política no debería permitirse. Aunque las publicaciones fueron borradas tras el evidente espanto de los mercados y el desmarque inmediato del ministro de Hacienda, el daño reputacional ya flota en el ambiente.

Utilizar el concepto de “quiebra” para justificar el alza de los combustibles y la falta de uso del Mepco no solo es una imprecisión técnica flagrante; es una irresponsabilidad que pone en riesgo la fe pública y la estabilidad financiera del país.

Para tenerlo claro, un Estado entra en quiebra (o default) cuando es incapaz de cumplir con sus obligaciones de deuda. A pesar del deterioro fiscal, Chile mantiene activos, capacidad recaudatoria y, sobre todo, una clasificación de riesgo que muchos vecinos envidiarían.

Decir que “no hay plata” o que la caja está “vacía” para explicar un “bencinazo” es una simplificación populista que busca trasladar el costo político de una decisión económica difícil hacia la administración anterior, utilizando el miedo como escudo. Es, en palabras simples, una posverdad institucionalizada, muy utilizada en tiempos de campaña, pero hoy, siendo gobierno, es importante medir el riesgo de las palabras.

Cuando el canal oficial de un país le dice al mundo que está “quebrado”:

ahuyenta la inversión, encarece el crédito y debilita la autoridad.

Es cierto que la situación fiscal es estrecha y que el manejo de las arcas en el período de Boric dejó flancos abiertos y una caja fiscal mínima. Sin embargo, la solución no es la pirotecnia comunicacional ni el alarmismo.

Gobernar implica administrar la realidad, no incendiarla para culpar al antecesor. Si el Gobierno quiere “vender” su plan de ajuste, debe hacerlo con la verdad técnica por delante, no con eslóganes que, en el intento de ganar un punto en la encuesta semanal, terminan hipotecando la credibilidad internacional de Chile. El Estado no está quebrado, pero la confianza en la comunicación gubernamental, sí.

El país debe hacer ajustes, sin duda, y entre ellos deberá ajustar el tono y la pertinencia con que se comunica, pues hoy, a diferencia de ayer, no es solo su barra brava la que está prestando atención a sus palabras.