Skip to main content

Blog En panorámica

Editorial: Muñeco de paja.

19/03/2026
Comparte

Durante el Medioevo, parte del entrenamiento militar consistía en atacar a un muñeco de paja para aprender el uso de armas y técnicas de combate. En esa misma época, estos muñecos se convirtieron también en señuelos para distraer al enemigo, colocándolos en posiciones sin valor estratégico para dispersar sus esfuerzos mientras se perpetraba el verdadero ataque en flancos relevantes.

Esta forma de combate se ha trasladado a la dialéctica, dando origen a la "falacia del hombre de paja". Este es uno de los trucos más comunes en las discusiones y consiste, básicamente, en distorsionar la posición del interlocutor para que sea más fácil de atacar. En lugar de lidiar con el argumento real y complejo del oponente, se construye una versión caricaturizada, extrema o simplificada —un "hombre de paja"— para derribar esa versión falsa con facilidad, eludiendo el fondo del asunto.

Entre el viernes de la semana recién pasada y el lunes, dos anuncios bajaron desde el Gobierno: primero la intención de indulto por parte del presidente Kast a uniformados del estallido social y luego, el fin de la gratuidad en la educación superior para mayores de treinta años. Ambos temas golpean directamente el alma de la oposición.

Como era de esperar, la reacción fue inmediata y se desató un debate feroz. Surgieron las consignas sobre no retroceder en derechos ganados y la importancia de la defensa permanente de los derechos humanos en un Estado democrático; argumentos que, a estas alturas, parecen sacados de un guion prediseñado, similar al que manejan los operadores de un call center.

Aquí aparece el muñeco de paja. Mientras ambos anuncios se diluían en sus alcances tras los respectivos análisis —sin soportar una discusión técnica seria—, el Ejecutivo desplegó su verdadera agenda. En cosa de horas, anunció el retiro de 43 decretos medioambientales de Contraloría, descartó el financiamiento al proyecto de sala cuna universal, comenzó el estudio para modificar el Mecanismo de Estabilización de Precios de los Combustibles (Mepco) y cambió el proyecto de levantamiento del secreto bancario. Además, retiró el proyecto de negociación colectiva ramal, solicitó la revisión de la Ley de 40 Horas, comenzó una auditoría total del Estado y sepultó el tren Valparaíso-Santiago, todo entre despidos y otros anuncios de similar naturaleza.

El despliegue de estos temas de alto impacto ideológico no fue un error de cálculo ni una improvisación; fue la construcción de un perímetro de distracción perfectamente ejecutado. Mientras la oposición se desgastaba en una esgrima dialéctica contra muñecos de paja diseñados para arder rápido en la opinión pública —como la gratuidad o los indultos—, el Gobierno operaba con precisión quirúrgica en el terreno de lo concreto. Al final de la semana, la oposición se quedó con la satisfacción retórica de haber defendido "el alma" de sus convicciones, pero con las manos vacías en el tablero de las políticas públicas.