Blog Café negro
Editorial: Neruda, otra vez silenciado
Hoy se conmemora la muerte del poeta Pablo Neruda ante el silencio oficial y también militante. Por qué no recordar al más célebre poeta chileno, por qué no recordar su obra, que elevó la palabra al verso y de allí a lo sublime, por qué callar hoy a 53 años de su fallecimiento, ocurrido unos cuantos días después del golpe de Estado.
Se le omite, se le cancela como se dice hoy, porque pecó. Como todo mortal cometió pecados que los monjes de izquierda y derecha no toleran.
Un cura de verdad, José Miguel Ibáñez Langlois, conocido como Ignacio Valente en su versión de crítico literario de El Mercurio, tajante el domingo pasado ponía en su lugar al poeta: “Neruda, a quien considero el poeta más grande del siglo XX en castellano, abrió un camino que solo él podía recorrer”.
Pero en el Chile actual hoy se calla, se usa el silencio para no mostrar compromiso: lo hizo el gobierno de Kast el 11 de septiembre pasado, lo hace la izquierda con la conmemoración de la muerte Neruda, porque confesó que vivió.
Separar la obra de la persona constituye un acto de mínima consideración intelectual, de saber distinguir y poner en su lugar cada cosa.
Lo hizo de manera ejemplar Daniel Barenmboim, el célebre pianista y director argentino-judío con nacionalidad palestina por gracia y fundador de la “Orquesta del diván este-oeste”, cuando dirigiendo a la Staatskapelle de Berlín en Jerusalén interpretó un fragmento de la obertura de la ópera Tristán e Isolda de Wagner. Sobre el compositor alemán, conocido por su antisemitismo y por ser el compositor favorito de Hitler, pesaba un veto social en Israel, pero el atrevimiento del maestro entregó una lección aquel 7 de julio de 2001 que bien podrían aprender en nuestro país.
No nos podemos privar de la música de Wagner ni de la poesía mayor de Neruda ni de la obra de ningún artista por su forma de pensar o por su proceder.
En nuestro caso, no se puede privar a las nuevas generaciones de conocer la obra, pero también la vida de un hombre que, con sus virtudes y defectos (que no hay por qué ocultar), tiene un reconocimiento universal que muy pocos han alcanzado habiendo nacido en este lugar del mundo.
David Carrillo Rojas
