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Blog Café negro

Editorial: En el cumpleaños de Jorge Farías, Valparaíso debería estar de fiesta

06/08/2026
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Hoy debería ser día de fiesta en Valparaíso. Hoy debería ser una celebración musical propia a nuestra identidad. Y es que hace 82 años, en este puerto principal nació una de sus voces más célebres; la de Jorge Farías nuestro bolerista por excelencia, nuestro ganador – perdedor como la historia de todo lo porteño, como UCV TV, el Santiago Wanderers o Álvaro Peña.

Descubierto por el célebre discjockey Miguel Davagnino, cuando un Farías niño se presentó en el programa buscatalentos de radio Portales, El Calducho. El mismo donde nació Luz Eliana, Larry Wilson y Jimmy Lane. Ahí el pequeño cantó rancheras, antes de llegar al destilado más intenso y dramático de la música popular latinoamericana: el bolero.

Luego aprendió a cantarlo desde el alma, e imprimirle un profundo sentimiento, como le enseñó el también grande, Eduardo “Lalo” Escobar. Pronto, el talento y esa voz única para entonar la cebolla, lo llevó a grabar en 1965 para el sello Philips, la misma transnacional en la que ese año comenzaron a publicar Los Blue Splendor.

Y es ahí en donde se inicia propiamente tal la leyenda del “ruiseñor de los cerros porteños”, una leyenda tan grande que pocos olvidan que Farías sólo registró diez sencillos y un caset a lo largo de su existencia. Pocos pero tan contundentes, como para sostenerlo de por vida, con temas como “Arrepentida”, “Dime la verdad”, “Más pierdes tú”, “Que más da”, “Quien tiene tu amor”, “Amigos del ayer”, “Madre hay una sola”, “Pascua de los negros”, “El bazar de los juguetes” o “El gran tirano”.

Icónica es su aparición en “Valparaíso mi amor”, la hoy clásica película del Nuevo Cine chileno dirigida por el doctor Aldo Francia en 1969. Ahí canta el himno de nuestro puerto entre números de rocanroleros y cuequeros, mostrando la noche de “La Cuadra” dentro de la boite y bar Jacko, en una bohemia muy lejana a la idealización actual, con choros, traficantes y menores prostituyéndose.

Con “Volveré a triunfar”, bolero original de Ángel Lizama, Jorge Farías tuvo un nuevo renacer hacia finales de los 80’s, pero el alcohol ya había comenzado a golpearlo. Ahí lo vimos en los 90’s, tocando con su guitarra sus boleros llorosos y cantineros en el “Lo de Pancho”, “El Liberty” o “La Puerta del sol”, a cambio de una caña de vino, el mismo vino que lo mató.

Hoy Jorge Farías cuenta con el amor de su pueblo, de los habitantes de cerros como El Cordillera, San Francisco o Toro. Sus seguidores erigieron una estatua que lo recuerda en plaza Echaurren, y sus historias son contadas como momentos preciados de la memoria. Sus discos son escasos, escurridizos y piezas de colección hoy. Sin embargo, la cuidad que lo cobijó y que tanto le debe por identidad y pertenencia, no lo celebra con la pompa que su genio y figura merece. Por eso hoy debería ser una fiesta en Valparaíso, ciudad creativa de la música como nos declaró la UNESCO.

René Cevasco