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Blog Café negro

Editorial: Valparaíso y los cañones de agosto

04/08/2026
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Hay episodios de la historia que no hay que olvidar por distantes que se encuentren de nuestro presente. Momentos de los que se debe aprender para no volver a cometer errores criminales, que siempre son pagados por las poblaciones. Hace 112 años, agosto de tiñó de odio nacionalista y sangre, cuando los cañones rugieron sobre Europa.

Con la perspectiva del tiempo, los hechos que justificaron la guerra sólo reflejan un choque de intereses imperialistas entre estados que se habían repartido territorios y naciones en África, Asia y Oceanía, como quien reparte las cartas antes de un jugo de póker. Y así como en una reacción en cadena, las casas reales del viejo mundo que estaban emparentadas por sangre familiar se batieron a muerte.

El 4 de agosto Inglaterra le declaró la guerra a Alemania, tras la violación de la neutralidad belga para poder llevar adelante los planes de invasión a Francia. Para los ingleses se trató de honrar un acuerdo, mientras entre líneas se presentaba como la ocasión propicia para frenar el impulso industrial germano expresado en una flota naval con apetito de conquistas territoriales.

En Valparaíso el 4 de agosto de 1914, fue la fecha en que quienes eran amigos en los cerros Alegre y Concepción, dejaran de serlo mientras la pizarra de El Mercurio informaba sobre las hostilidades entre Inglaterra y Alemania. En un acto que hoy sería inimaginable, muchos de los jóvenes estudiantes y algunos profesores del Mackay School y el Deutsche Schule se enrolaron y tomaron pasajes directo al infierno.

Varios murieron en el barro como ratas, mientras sus imperios enarbolaban discursos patrioteros que validaran el enfrentamiento sin sentido. Unos pocos yacen en el Cementerio de Disidentes, otros se recuerdan en placas conmemorativas en las Iglesia de Saint Paul y Luterana, como un recordatorio de los hijos sacrificados que nunca pudieron formar una familia o concretar sus sueños.

La guerra mundial llegaría a este puerto junto a los miles de hombres, mujeres y niños que quedaron sin trabajo en el norte, al cerrarse muchas de las oficinas salitreras, ya que el fertilizante e ingrediente para explosivos, ya no se podía comercializar con muchas de las naciones involucradas en el conflicto.

Y mientras la pobreza y el hambre llegaban a un Valparaíso que aún se recuperaba del terremoto de 1906, fuimos testigos de arribo de la flota alemana capitaneada por el almirante Von Spee, triunfante de su duelo en Coronel frente a los británicos. Una acción que violó todos los principios de soberanía de una república por parte de dos imperios que arrastraban al mundo a un matadero que cobró unas 40 millones de almas.

Por esto es importante no olvidar ese verano de 1914 en que en el hemisferio norte, el dios Marte abrió sus fauces pútridas y obscenas; porque una vez abiertas, no se sabe cuándo se volverán a cerrar, mientras la carne de cañón es sacrificada en nombre de dudosos ideales que jamás serán justos para quienes deben afrontar el hambre y las balas en el campo de batalla.

 

René Cevasco