Blog Café negro
Editorial: Un mural para El Macha
Muchas veces los homenajes vienen desde la propia ciudadanía y no desde la burocracia institucional. Digo esto teniendo en mente el mural que desde hace poco se puede apreciar en el Paseo Yugoeslavo, a la salida del ascensor Los Perales. Un mural que me parece significativo para una “ciudad creativa de la música”, como reconoció a Valparaíso el 2019.
Se trata de un retrato de Aldo Asenjo, “El Macha”, líder de La Floripondio, Chico Trujillo y Bloque Depresivo, y que al igual que la escultura del inmortal Jorge Farías en plaza Echaurren, es precisamente un reconocimiento nacido desde sus admiradores. Y es que la importancia del Macha en el escenario de la música nacional actual es imprescindible.
La irrupción de La Floripondio con registros como “Muriendo con las botas puestas” de 1994 o “La manda del ladrón de Melipilla” de 1995, ubicaron al combo villalemanino como una de las propuestas más interesantes y disruptivas del rock nacional noventero. Ambas producciones envejecieron bastante bien a 30 años de su publicación, ofreciendo un puñado de canciones contraídas sobre dosis de vanguardia con toques de no wave neoyorkina, math rock a lo Crimson ochentero, el ska y reggae tributario de Sumo y el peso y dureza del punk y el metal.
Aún recuerdo que la prensa musical capitalina los ignoró por completo, prefiriendo resaltar majaderamente a Los Tres - que en lo personal me sonaban fuera de época - o a bandas adolescentes de funk ondero como Los Tetas y Chancho en Piedra. En este punto daré un ejemplo. El verano de 1996 hice la práctica en el suplemento Zona de Contacto del Mercurio de Santiago. Mi editor me pidió nombres de futuras promesas juveniles para una entrevista.
Le propuse al Macha y me lo peloteó una y otra vez, simplemente porque era de una ciudad de provincia y no le conocía porque El Macha no tenía influencias en el mundo del periodismo capitalino. Luego, al preguntarle a un importante periodista musical por qué no escribía sobre ellos en la sección espectáculos, tuve como respuesta es que son un “son daño acústico”.
Luego vino Chico Trujillo, y nuevamente la prensa musical lo invisibilizó, hasta que como ocurriera con el fenómeno de Los Prisioneros una década antes, la popularidad masiva terminara por imponerlos. Es interesante porque esto también daba cuenta del clasismo entre periodistas, los que digamos antes de Chico Trujillo, consideraban a la cumbia como una música rasca y flaite. Ahí ya El Macha no dio más entrevistas.
Y si con Chico Trujillo, el Macha impuso la cumbia a nivel nacional con decenas de grupos siguiendo su huella, con el Bloque Depresivo, logró actualizar el bolero cebolla, imponiéndolo como música juvenil y abriendo el camino a otro tanto de grupos que siguieron su huella. Hacer algo así dos veces en la música popular, digamos, no es cosa de todos los días.
Por esto celebro el mural que lo retrata en el Paseo Yugoeslavo, porque hace justicia al aporte del Macha, y probando que el arte callejero también puede sumar y no restar como una muestra de vandalismo individualista. Finalmente es la gente la que otorga valor a las cosas y si las autoridades de la cuidad creativa de la música no lo visionan, por lo menos muchos habitantes de este puerto si lo hacen, poniendo en sitial de honor a sus músicos y artistas.
René Cevasco
