El pasado sábado 2 de mayo cerró sus puertas el bar Andino, un punto tradicional para el encuentro de los parroquianos viñamarinos que deambulaban por el centro de la ciudad. Así tras 76 años de funcionamiento se bajó la cortina de este lugar que, en mis días de estudiante universitario, nos albergó más de alguna vez hasta altas horas de la noche.
El Andino tenía varios puntos a favor a finales de los 80’s e inicios de los 90’s. La principal era la venta de cerveza en botellas de tres cuartos y luego de litro, cuando lo habitual en las fuentes de soda viñamarina, era las botellas individuales. Y estamos hablando de una época en que la cerveza artesanal ni siquiera era prospecto por desarrollar.
Otra característica era la música. En el Andino podías disfrutar de buen rock, que digamos para la década de Nirvana y Red Hot Chili Peppers, era combustible fundamental para nuestro día a día. Y estamos hablando de una época en que el reguetón y el trap, ni siquiera se vislumbraban más allá del horizonte sonoro de entonces.
Finalmente, y lo más importante, la gente con que podías compartir. Porque por el Andino pasaron toda clase de seres, mutantes y personajes bizarros, apostadores del Casino en su previa o en su post, metaleros y punkies, muchos ellos hoy personajes míticos, y toda clase de estudiantes soñadores y descarriados.
Así se va otro referente de la vida nocturna viñamarina, en una calle Von Schroeder, que tuvo espacios como los recordados bares “Donde Rodrigo”, atendido por Rodrigo y nuestro inmortal Kurt Lundstedt, o el antiguo Casino Chico, hoy un antro sin estilo ni personalidad. El tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos, mientras los lugares que fueron nuestros durante los años de juventud, se esfuman sin dejar rastro.