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Editorial: Micaela Paredes - Barraza, de poetisa a trovairitz
Hace años que no pisaba el San Carlos, uno de los últimos bares restaurante clásicos de Valparaíso, aquellos de barra de nobles maderas, privados y platos chilenos. Ubicado en Las Heras, el San Carlos era nuestro punto de reunión con Piero Castagneto, Vicente Mesina y Juan Carlos Césped, “los teletubies”, en donde hablábamos de Valparaíso, política, historia, libros, cine y música, y del cual salíamos parafraseando algún coro del King Arthur de Purcell con letras ofensivas para un exalcalde porteño con sobre peso.
Mi retorno al San Carlos no era gratuito. Se lanzaba el nuevo libro de la poetisa Micaela Paredes – Barraza, “Propétides”, el que tomando un mito contenido en “La Metamorfosis” de Ovidio, da una voz contemporánea a estas féminas que se revelaron frente a la diosa Venus, que las castigó transformándolas en una suerte de libertinas. Como siempre, este mito sobre mujeres fue narrado por un hombre, por lo que también Paredes – Barraza, tras siglos, les devolvía su esencia y sentir femenino.
El lanzamiento comenzó con dos cuecas interpretadas por Paredes – Barraza en voz y castañuelas y Matías Salinas, conocido por nosotros a través del espacio de Teatro UV en Café Negro, en acordeón. A la resonancia sonora de los textos de la poetisa, bellos en su ritmo y pulso musical propios a su obra, se sumó la música original que subrayó en su vibración a la potencia contenida en oraciones y palabras versificadas, completando así un magno edificio de arquitectura refulgente y sublime.
Confieso que mi ser se conmovió al punto que mi espíritu se electrificó, mientras las lágrimas brotaban por la emoción de ser testigo de un paso trascendental en el oficio de Micaela. Como una pupa que se trasforma en la más bella mariposa, presencié el paso de la poetisa a la trovairitz. Trovairitz es una trovadora en la lengua de Oc, la lengua romance de los trovadores provenzales, aquellos que “encontraban” las palabras y las rimas que musicalizadas, se transformaron en la piedra fundacional de una tradición que llega hasta nuestro presente.
Y es que en mi visión quedó claramente establecido que Paredes – Barraza pertenece ya a esa raza de mujeres poetas y cantoras que se inauguró en el siglo XIII con la Condesa de Dia y la Condesa Garsenda de Provenza. Una raza que en Chile se encarnó en Violeta Parra, y que hoy habita Micaela. Las grandes cosas, ocurren pequeñas y humildes. No están en los titulares y no son tendencia. Irrumpen y marcan presencia. Dan cuenta del tiempo en que habitamos, pero también se proyectan al futuro.
Anoche, nuestro Puerto vapuleado y siempre asediado, fue testigo de la luz encendida por el ardor de la palabra y la música. Anoche Valparaíso volvió a ser gigante, porque aquel paso del que fui testigo, el de la poetisa devenida en trovairitz, se entenderá como un capítulo no menor en el desarrollo de las letras nacionales. Pero eso es otra historia. Ahora lo cierto es que para Micaela Paredes – Barraza esperan tiempos de bienaventuranza y esplendor en el parnaso de los poetas mayores de este país al confín del mundo desde donde se canta hacia toda la Tierra.
René Cevasco
