Diario RVL
Cestería, memoria y comunidad se entrelazan en El Quisco
La memoria, los objetos tejidos que habitaban nuestras casas y los saberes transmitidos entre generaciones se encuentran en el origen de Tejiendo pita, tejemos memorias y revitalizamos nuestra historia 2026.
La iniciativa, encabezada por Ana Bustamante Martínez, dará continuidad al trabajo desarrollado durante 2024 junto a mujeres mayores de El Quisco. Aquella primera experiencia, también desarrollada en el marco de un Fondart, contempló dos ciclos de cestería básica y confirmó que el aprendizaje del oficio podía convertirse también en un espacio para estimular la creatividad, fortalecer vínculos y compartir recuerdos.
“Quedamos con ganas de profundizar en el tejido, trabajar otras fibras y conocer nuevas técnicas. Desde ahí nace esta segunda versión de Tejiendo Pita”, explicó Ana Bustamante. El proyecto comenzará sus talleres en agosto y contempla cuatro ciclos formativos: dos de nivel básico y dos avanzados. En ellos se abordarán técnicas como la aduja, el embarrilado, el trenzado, el torcido y el entramado doble, mediante el trabajo con pita, totora y otras fibras vegetales. Los primeros ciclos estarán destinados a quienes se acercan por primera vez al oficio, mientras que los avanzados permitirán continuar el proceso iniciado por las participantes de 2024 y recibir a personas que ya posean conocimientos de cestería.
Para Ana Bustamante, trabajar con personas mayores permite recuperar una relación con los objetos tejidos que antecede a la expansión de los materiales plásticos. “En ellas encontramos conexiones con recuerdos de infancia, con sus abuelos y con las casas donde existían muchos artículos hechos con fibras naturales. Desde ahí aparece la posibilidad de unir memoria y ancestralidad”, señaló la artesana y cultora.
Durante las jornadas, cada participante recibirá los materiales necesarios y un kit de herramientas básicas, con el propósito de que pueda continuar practicando en su hogar. La metodología estará centrada en el “aprender haciendo”, respetando los ritmos individuales y favoreciendo el intercambio de experiencias dentro del grupo.
Una bitácora para acompañar el aprendizaje
Una de las novedades de esta segunda versión será la entrega de una bitácora creativa elaborada junto a la ilustradora Alejandra Milena, quien acompañó gráficamente los talleres desarrollados en 2024. Durante aquella experiencia, la artista registró mediante dibujos las sesiones y el trabajo de las participantes. Sus ilustraciones fueron posteriormente incorporadas a la exposición de cierre, dando origen a la idea de crear un soporte que permitiera documentar el aprendizaje desde el interior de los propios talleres.
En ese contexto, la bitácora surge como un dispositivo que permitirá combinar espacios de escritura y registro personal con ilustraciones e información sobre fibras, herramientas, técnicas de recolección sostenible y el carácter ancestral de la cestería.
“Pensamos la bitácora como un objeto que acompañe el aprendizaje: por un lado, permite registrar el proceso y, por otro, entrega información significativa sobre el tejido, los materiales, las técnicas de recolección y la conexión de este oficio con lo ancestral”, explicó Alejandra Milena.
La ilustradora agregó que este soporte busca ir más allá de un cuaderno de apuntes y convertirse en una parte activa de la experiencia formativa. “Es una especie de cuaderno o libro-objeto que las participantes podrán completar durante los talleres. La idea es que encuentren allí dibujos e información, pero también será un espacio propio para registrar sus experiencias mientras aprenden”, sostuvo.
Financiado por el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, el proyecto se extenderá hasta enero de 2027 y culminará con una exposición en el Centro Cultural Camilo Mori de El Quisco. La muestra reunirá las piezas elaboradas, las experiencias consignadas en las bitácoras y un registro audiovisual del proceso formativo.

