Skip to main content

Diario RVL

¡El Indio Solari ha muerto, viva el Indio Solari!

05/06/2026
Comparte

Ningún disco de los Redonditos de Ricota estará en la lista de los 10 álbumes imprescindibles del rock latinoamericano de esas revistas hípsters de música tan endiosadas y hoy tan cuestionadas. Listas hechas siempre por una mayoría de periodistas y “expertos” mexicanos, que con suerte han pisado Sudamérica.

Y es que ellos nunca sabrán que el Flaco Espineta fue profeta y poeta, que Charly García inició la new wave en este confín del mundo, que Virus fue la máxima elegancia rockera y que Patricio Rey y Los Redonditos de Ricota fueron parte del alma de la Argentina popular y profunda.

Pero hoy eso poco importante. La muerte de Carlos Alberto Solari, “El Indio” para sus cientos de miles de fans ya ha transformado a Los Redondos en una leyenda argentina y continental, que no requiere de ningún listado trucho para validarse.

Nos ha dejado el Indio Solari a los 77 años, quien ya estaba hace tiempo alejado de los escenarios por un párkinson que lo comenzó a apagar lentamente. Desde la creación de Los Redondos junto a Skay Beilinson en 1975, la dupla creativa de Los Redonditos nos dejó un puñado de discos que envejecieron como el buen vino.

Pienso en placas “Gulp” de 1985, “Octubre” de 1986, “Un baión para el ojo idiota” de 1988, “¡Bang! ¡Bang!.. estás liquidado” de 1989, “La mosca y la sopa” de 1991 o los dos volúmenes de “Lobo suelto, cordero atado” de 1993, todas piezas esenciales del mejor rock and roll trasandino, ese que no tuvo las grandes vitrinas mediáticas de Soda Stereo.

Las canciones del Indio Solari, llegaron hasta Chile junto a Sumo y encontraron tierra fértil en Villa Alemana. En la tierra de Miguel Ángel/ Karol Romanoff, las escucharon Aldo “Macha” Asenjo y sus amigos y se convirtieron en el abono de la temprana LaFloripondio, que tomó “Nueva Roma”, la chilenizó y la incluyó en sus primeros y demenciales recitales en nuestra región.

Por todo esto y por mucho más, la huella del Indio Solari ha quedado grabada en la roca, mientras su fanaticada al otro lado de Los Andes le llora con desconsuelo, como todo ese amor incondicional que sólo los argentinos sienten por sus ídolos, y que acá en Chile deberíamos tener como ejemplo con nuestros mejores músicos, esos pocos que son capaces de reflejar el sentir de la calle para transformarlo en himnos inmortales. ¡El Indio Solari ha muerto, viva el Indio Solari"

René Cevasco