Diario RVL
"Radares meteorológicos: una inversión que necesita ciencia", por Jorge Arévalo
El aluvión ocurrido en Las Condes ha puesto sobre la mesa una necesidad largamente pendiente: contar con radares meteorológicos en Chile. Es alentador que las autoridades planteen esta urgencia y que el Gobierno anuncie la búsqueda de recursos para adquirirlos. Pero esta discusión debe ir más allá de la compra de equipos: necesitamos definir cómo utilizarlos para comprender mejor nuestros fenómenos extremos y proteger a la población.
Un radar permite observar con gran detalle y prácticamente en tiempo real dónde se producen las precipitaciones, cómo evolucionan las tormentas y aspectos de su estructura y movimiento interno. En episodios de lluvia intensa y localizada, como el que desencadenó el aluvión, esta información puede ser especialmente valiosa. También lo es ante otros eventos que han afectado al país recientemente como las crecidas de ríos e inundaciones de los últimos meses o de tornados como el ocurrido en 2025 en Puerto Varas.
Sin embargo, los radares no predicen aluviones ni emiten alertas por sí mismos. Sus mediciones complementan las estaciones meteorológicas, los satélites y los modelos de pronóstico; además, deben integrarse con información hidrológica, conocimiento de las cuencas y sistemas de gestión del riesgo. Solo así pueden contribuir a transformar una observación en una advertencia útil. No sería responsable afirmar que un radar, por sí solo, habría evitado las consecuencias de lo sucedido en Las Condes.
Desde la Universidad de Valparaíso lideramos el proyecto FONDEQUIP Mayor EQY250032, mediante el cual estamos adquiriendo el primer radar meteorológico de Chile. Este será móvil, por lo que podremos investigar tormentas en distintas regiones, estudiar cómo el relieve modifica las precipitaciones, cómo interactúan los ríos atmosféricos con nuestras montañas y cómo se forman tornados y trombas marinas en nuestro territorio. Su movilidad también permitirá obtener experiencia para decidir qué radares necesita una futura red, dónde instalarlos y cómo enfrentar las limitaciones de nuestra compleja topografía. Ese conocimiento es indispensable para adaptar las herramientas a nuestra realidad nacional.
Hay otro desafío igualmente importante: formar especialistas para operar, mantener y calibrar estos equipos; interpretar sus datos e incorporarlos a los sistemas de pronóstico y alerta. Sin esas capacidades, incluso una inversión considerable puede quedar subutilizada.
Por ello, el llamado a las autoridades es a incorporar desde el inicio a la academia, especialmente a las universidades regionales. En ellas se investiga directamente la diversidad de fenómenos y territorios del país. Una estrategia nacional no debiera reproducir el centralismo que tantas veces limita el aprovechamiento de estas capacidades y herramientas.
Invertir en radares es urgente. Hacerlo con ciencia, formación y coordinación es indispensable.
Jorge Arévalo, Ph.D. en Hidrometeorología
Investigador Responsable, FONDEQUIP Mayor EQY250032
Profesor del Departamento de Meteorología
Universidad de Valparaíso

