Crítica musical
Pulp firma en Santiago uno de los conciertos más honestos y memorables del año
Hace algo más de treinta años, una prestigiosa revista de moda europea publicaba un artículo titulado “La importancia de llamarse Jarvis”. Según esta publicación, el espigado vocalista de Pulp era la encarnación de todo lo que estaba bien en la Inglaterra de los noventa; él era, en sí mismo, la representación de lo que se conoció como la “Cool Britannia”. Su figura llegó a ser tan relevante en la escena británica que, según consignaba la periodista, si compartías el mismo nombre con el cantante de Sheffield, aumentaban tus posibilidades de conseguir un buen trabajo o de ser popular en la oficina.
Treinta años más tarde, en su libro Pop bueno, pop malo, Cocker ha reconocido que los años noventa fueron bastante extraños y que 1996 fue el peor año de su vida: “De verdad, no lo digo de forma metafórica. A nivel personal fue mi peor año. De niño pensaba que la fama era como esa escena de Fiebre de sábado por la noche en la que Travolta entra al club y todos lo admiran. En realidad, es bastante desolador”. Esta incomodidad se hizo presente en el sexto disco de la banda, This Is Hardcore, un título que, con el tiempo, dejó claro que no era ningún eufemismo, sino la descripción precisa de lo que estaban viviendo. Un par de años más tarde editarían We Love Life —un trabajo despojado de pretensiones, pero de una profunda sensibilidad— antes de comenzar un largo receso que duró casi veinte años, solo interrumpido por contadas giras y presentaciones.
Todo este trasfondo cobró sentido al analizar a la banda que se presentó anoche en el Movistar Arena de Santiago frente a más de doce mil fanáticos. Esta versión de Pulp dista mucho de aquel ícono de la movida trendy británica. Por el contrario, si el grupo dejó algo atrás, fue la pretensión y lo superficial de esa época, ofreciendo en su lugar un show maduro, cercano y concreto, diseñado minuciosamente para complacer a sus fans.
El concierto comenzó puntual a las 21:00 horas. La expectación, sin embargo, se había encendido minutos antes con la proyección de un set de imágenes vintage, una narrativa visual que fue instalando el contexto estético del espectáculo. En el escenario, la banda original se ordenó junto a un grupo de músicos de apoyo que terminarían dándole la profundidad necesaria al sonido en vivo. Con nueve artistas en escena, la figura de Jarvis Cocker se volvió central para dar inicio a la fiesta con “Sorted”, un clásico de su disco His 'n' Hers (1994). A partir de ahí, desplegaron un setlist de 25 canciones dividido en dos actos que repasó lo mejor de Different Class (1995), This Is Hardcore (1998), We Love Life (2001) y More (2025). A este generoso repertorio sumaron una reinterpretación de “Seconds”, clásico de sus coterráneos de Human League, y presentaron “Begging for Change”, canción con la que aportaron al disco benéfico Help! de la fundación War Child.
Nota aparte merece la cercanía que mostró Jarvis Cocker con el público, intentando comunicarse en español, contando historias y bromeando cínicamente durante todo el show. Un punto alto de la noche fue la confesión de su conexión con Chile a propósito del amor por la cordillera que profesaba Steve Mackey —bajista histórico de la banda, fallecido en 2023—, quien en su última visita a nuestro país los llevó a hacer un trekking por el Santuario de la Naturaleza Yerba Loca. En ese momento, Cocker aprovechó de confirmar que la fotografía de la contraportada de su último disco es, efectivamente, la cordillera chilena; una captura tomada en ese mismo viaje.
Finalmente, el paso de Pulp por Chile fue una verdadera fiesta y un emotivo encuentro generacional. Con menos lentejuelas y más canas —el público superaba, evidentemente, los 40 años—, la noche estuvo marcada por las historias compartidas y la vida vivida entremedio. Toda esa observación aguda y crítica de clase obrera sobre un mundo hipermaterialista que Jarvis proponía en sus inicios, hoy nos ha atravesado a todos; una complicidad colectiva que convirtió la velada en uno de los mejores conciertos que se han visto en Chile este año.
Por: Eduardo Drouillas.
Foto: Gentileza de Catherine Rios.

