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Crítica musical

“XCLNT” de Los Tres: artesanía y oficio a toda prueba.

29/05/2026
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Lo he confesado antes. No soy fan de Los Tres, tampoco me siento cercano a su música. No se trata de una mañana maliciosa, sino que tiene ver más bien con la manera en concebir y vivir la estética del rock que ya tenía formada hacia inicios de los 90’s. Entonces, lo que presentía en 1991, era que el camino del rock se decantaría por un retorno a las guitarras distorsionadas y agresivas, al peso y dureza en la composición y en la manera de concebir el sonido. Súmale a ello letras contestatarias y desafiantes.

Por eso cuando escuché el debut discográfico de la banda en algún momento de 1991, me pareció interesante, pero para 1986 cuando la new wave aún se escuchaba. La verdad es que esa cosa rocabilly, para uno ya había sido, y poco a poco mis referentes nacionales se iban constituyendo como en los casos de LaFloripondio, Supersordo, EntreKlles, Pánico o Fiskales Ad Hok. En Sony, sello que fichó a Los Tres después de Alerce, entendieron hacia donde soplaban los nuevos vientos, y esto se hizo evidente en el peso y distorsión en las guitarras que la producción le otorgó a las canciones de “Se Remata el Siglo”.

Pero la verdad, es que también ese momento evidenció que ese sendero no era propio al ADN del cuarteto, que volvió en gloria y majestad a su redil con “La Espada y la Pared”, un disco en que la autoralidad ya presente en su debut se acentuó, definiendo un sonido chileno completamente propio. “Fome”, finalmente, sería la perfección de la propuesta de Henríquez y cía, con un disco redondo coronado por la edición del MTV Unppluged, hace 30 años, teniendo además el honor de presentarle a la nueva generación el arte mayor de la cueca chora y brava de Roberto Parra.

Para entonces Los Tres tenía un sonido único por lo que poco o nada era importante si este era acorde a la tendencia general de la época, y se transformaba en un hito absoluto dentro de la música popular chilena y latinoamericana. Sin embargo, el desgaste de la carreta ya se hacía sentir entre sus músicos, quienes tras “La Sangre en el Cuerpo” y un registro en vivo entraron en una pausa que puso fin a su primera época, tal vez la más influyente para la canción hecha en Chile.

Hay un dicho entre los cinéfilos que se dice que “nunca las segundas partes son buenas”, que podría aplicarse al regreso del 2006, ya sin el indispensable swing de Pancho Molina. Hubo otras entregas discográficas, pero tuvieron cierto símil con lo ocurrido con la segunda época de Los Prisioneros. Esto era la ausencia del gran tema, de ese que atravesara transversalmente a una generación y también a un público masivo de todas las edades.

Puede ser esa una razón que el cierre de esa etapa tampoco se reflejó en un lamento mediático por parte de la prensa especializada. Simplemente fue. Pero esa aparente indiferencia finalizó cuando finalmente se anunció “la revuelta” de Los Tres con su formación original en gloria y majestad, más aún cuando sus seguidores históricos, así como los más nuevos coparon cada una de sus presentaciones, Festival de Viña incluido. Sin embargo, en el rock no hay regreso sin lanzamiento de un disco grabado para la ocasión, la noticia más importante para sus fans.

Cuando se supo que este álbum sería grabado en los legendarios estudios de Abbey Road, en Londres, Inglaterra, comenzó una hermosa espera para escuchar el trabajo final que de ahí nacería. Y creo que a está altura, “XCLNT” no ha defraudado. Los Tres no van a cambiar la historia del rock nacional, tampoco van a experimentar buscando cocinar su propio “Revolver”, como si tuvieran que certificar alguna novedad que siempre busca la prensa musical.

La larga duración toma las cosas en donde quedaron a finales del siglo pasado. Y esto es evidente en los 11 cortes que lo conforman, y que ilustró su primer sencillo “Cantar y amar”, tan Los Tres como los mejores Tres en su dimensión clásica. Su segundo destacado “Como llegaste te vas” nos llevaba a través de sus aires de tonada a ese universo de Roberto Parra que tan bien han sabido habitar. Un universo que amplía en las imágenes del mundo de los choros de “Perro muerto” y su cuequero 9/8 transmutado, que retorna al aire de tonada en la romántica “Alma a la deriva”.

Los grandes momentos rockeros se encapsulan en títulos como “Sólo por hoy” con ese sonido slide en la guitarra de Ángel Parra y un drive rocanrolero cautivador. Su nuevo sencillo “INRI” nos recuerdan al mejor Tres, con una base rítmica deliciosa por parte de Titae Lind y Pancho Molina. Ese pulso rocanrolero cierra “XCLNT” con “Que vuele”, dejando en claro el norte de la banda penquista.

Hay más momentos a destacar como “La vida al revés” que se ancla en la tradición bolerista tan actual en estos tiempos o “Peor que mal” y “Vendaval de otoño”, temas más reposados que emparentan con slow rock de la escuela nuevolera, pero siendo tan inequívocamente Los Tres. Y eso es lo mejor. La magia está viva, y en tiempos de músicas ficticias hechas por la Inteligencia Artificial, el oficio y artesanía de Álvaro Henríquez, Ángel Parra, Titae Lind y Pancho Molina son invaluables, porque ya no hay nada que probar.

Por: René Cevasco.