Blog Editorial
Incomprensible silencio institucional
Pensad que esto ha sucedido:
Os encomiendo estas palabras.
Grabadlas en vuestros corazones
Al estar en casa, al ir por la calle,
Al acostaros, al levantaros;
Repíteselas a vuestros hijos
Primo Levi
Por David Carrillo Rojas
Silencio, pero no de respeto, sino como oportuna estrategia para eludir una palabra de mínima consideración con las víctimas. A falta de empatía, tampoco una palabra desde el punto de vista institucional sobre la necesidad de preservar la democracia y la libertad para que nunca más la vida y los sueños de miles y miles de chilenos y chilenas se vean conculcados por la mano de otros compatriotas. Esta actitud del Presidente José Antonio Kast a 53 años del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, es, no cabe duda, la expresión de una mirada sobre el respeto a los derechos humanos y el valor de la democracia absolutamente impropia para un mandatario elegido democráticamente.
Como nunca antes, este 11 de septiembre amaneció con el silencio de las autoridades y también de los medios de comunicación, lo cual da cuenta de una agenda para enterrar en el olvido el horror y la barbarie, probablemente, porque aún hay quienes validan el golpe y la posterior dictadura. Basta ver la portada del principal medio escrito del país, El Mercurio, que no incluye una palabra que aluda al quiebre democrático. Probablemente, al día siguiente, publicará alguna nota si se producen desmandes, los cuales serán, por cierto, producto del accionar de grupos también distantes del compromiso democrático.
Así, en medio de este silencio, la tragedia de Antígona se hace perpetua y el digno sepulcro de cientos de compatriotas será una deuda eterna de Chile.
No se trata de vivir anclados en el pasado, se trata de una pedagogía sobre la memoria, necesaria, justamente, para valorar nuestra libertad y la democracia, así como el respeto por los derechos básicos de nuestros semejantes. Solo la conciencia de este pasado nos permitirá atizar un futuro mejor y seguro para nosotros y quienes vendrán luego a habitar este lugar del mundo.
Y aunque el Presidente habló desde el sur de Chile sus palabras no son más que una decepción: "Lo dije, no puedo borrar el pasado, pero tampoco le voy a pedir a nuestros compatriotas que quedemos anclados en el pasado. Los dolores están hoy día aquí, están en Corral, están en esas familias que perdieron sus viviendas". Su subsecretario Pavez, al tiempo manifestó: "el gobierno enfrenta esta fecha con profundo respeto, pero con una convicción muy clara: Nuestro deber es mirar los próximos 50 años y no tanto los 50 años que ya pasaron"…
¿Cuántos somos en total
en las ciudades y en todo el país?
¿Es éste el mundo que creaste, Dios mío?
¿Para esto tus siete días de asombro y trabajo?
Se preguntaba Víctor Jara en ese último texto escrito en el Estadio Chile con el que abrimos este espacio.
Con vergüenza podemos responderle que fueron cientos de miles entre muertos y muertas, desaparecidos y desaparecidas, detenidos y detenidas, torturados y torturadas, exiliados y exiliadas, perseguidos y perseguidas, cesantes, todos y todas víctimas de una dictadura que, hasta hoy, hay quienes no juzgan ni condenan.
Con La Moneda vacía en la mañana del 11 de septiembre de 2026, sin un acto oficial y sin una palabra mínima, desde esta tribuna universitaria tenemos la obligación de recordar la tragedia de Chile para que el nunca más deje de ser un eslogan vacío y sea una causa de toda la sociedad.
