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Blog Editorial

Ni plan ni ideas, solo cuñas y caretas

24/06/2026
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Por Carrillo

El asunto es más bien sencillo: el gobierno no tiene un plan para hacer frente a la situación delictiva del país. Pese a todo el cacareo durante la campaña, lo cierto es que la exministra Steiner fue sincera cuando afirmó que no había plan -porque durante los meses previos a asumir el gobierno nadie se encargó de ello, como queda en evidencia- y, tal como confesó sin apuro en una entrevista, nadie le dijo tampoco que debía elaborar uno cuando dieron con ella para improvisarla como ministra de Seguridad. El actual ministro, Martín Arrau, que se muestra activo ante los medios, leyó un par de hojas en el Congreso hace unas semanas en las que delineó algunas iniciativas, la mayoría en espera desde antes en el Congreso, y dio por cumplida la misión de tener un plan, con la anuencia del sistema de medios, que a la vez se dio por satisfecho con aquello.

Hoy, con más de cien días en el gobierno -sin contar lo meses que tuvo para prepararse-, a la luz de los hechos, de las cifras que es posible de conocer, pero sobre todo de la crudeza de episodios como la muerte de un niño de doce años en medio del robo del vehículo a su familia por parte de un grupo jóvenes, lo cierto es que más allá de las frases grandilocuentes del ministro y de sus gestos y poses para la televisión, el gobierno no solo no tiene plan sino que carece de ideas para coordinar una acción mínima capaz de enfrentar las complejas situaciones delictivas que a diario ocurren en determinados puntos del país, especialmente de la Región Metropolitana. Está a la vista la carencia de un diseño en función del diagnóstico pregonado durante la campaña que daba cuenta de un Chile que se caía a pedazos, el cual parece imposible de recomponer -siguiendo esa argumentación que, por cierto, no comparto ni antes ni ahora- en las manos de políticos cuya ocupación principal es capturar tiempo en los noticiarios para tratar de generar la sensación de progresos -claramente inexistentes-, imposibles si no se cuenta con un plan que contenga metas, propósitos y objetivos, así como una estrategia de implementación, tanto en materia de prevención como de persecución, las cuales son insoslayables. Porque ni la una ni la otra por sí solas son viables para hacer frente a la situación actual; se requiere de ambas, sin populismo y con seriedad, dejando de lado la tontera legislativa como el proyecto de incivilidades para afrontar en serio un problema cuya amenaza no es solo la comisión de más y escalofriantes delitos, sino también la incapacidad del sistema político para abordarlos con seriedad y de modo sistémico, dejando de lado el punitivismo insaciable cuyos resultados hablan por sí solos.