30 de agosto y las voces de la Memoria siguen rompiendo en las costas de Valparaíso
El 21 de diciembre del 2010, la Asamblea General de las Naciones Unidas manifestó su preocupación, en particular, por el aumento de las desapariciones forzadas o involuntarias en diversas regiones del mundo. Por estas razones y por ser una práctica que amargamente durante el siglo XX se practicó masivamente en distintos lugares del planeta, deciden declarar el 30 de agosto como el Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas.
En Chile las agrupaciones de familiares de víctimas, y el mundo de los derechos humanos lo conmemoran como el Día Internacional del Detenido Desaparecido. Durante el período de dictadura cívico militar vivido en nuestro país, fue una práctica sistemática utilizada por la Junta Militar y sus organismos represivos para eliminar a quiénes consideraron "enemigos internos", bajo la cuestionada doctrina de la "Seguridad nacional".
Muy cerca de esta fecha, este 31 de agosto, se cumple un año más del asesinato de Marcelo Barrios Andrade, joven militante del FPMR y estudiante de la UPLA, quien fue asesinado por una patrulla de la Armada en Cerro Yungay, en el sector llamado La Comunidad. Este caso, ocurrido en 1989, es una de las últimas muertes ocurridas durante la dictadura. Su hermana mayor, Gladys Barrios, considera que no ha existido verdadera justicia, por todo lo que ha debido pasar como persona ante los organismos del Estado, para exigir su responsabilidad por la muerte de su hermano, compartimos su testimonio del año 2023, interpelando por Justicia y Memoria, hubo condenas en el caso el año 2024.
En tiempos electorales, donde los discursos políticos se han visto enfrascados en la polarización, hemos visto un claro retroceso de los fragilísimos consensos que habíamos tenido o insinuado sobre nuestra historia reciente. Los discursos extremistas, principalmente desde la centro derecha, cuando se han referido al período y la visión actual que tienen de éste, parecen volver a alinearse en tiempos de guerra fría y han demostrado nula sensibilización con las personas que han mantenido nuestra historia viva a través de sus relatos.
Desde la centro izquierda, tal vez tampoco se pueda hacer un diagnóstico mucho mejor. Si bien en diferentes gestiones, se han organizado comisiones para investigar, se ha tipificado el delito de tortura, se han creado instituciones como el Instituto de Derechos Humanos y el Museo de la Memoria, además de implementarse un Plan nacional de búsqueda, pareciera que hay cosas muy profundas aún pendientes, o lisa y llanamente abandonadas. Lo que ocurriera hace unas semanas atrás, cuando un profesor de secundaria, tratando de sensibilizar a su curso acerca del período histórico de la dictadura militar, cometió un claro acto de violencia psicológica, a pesar de lo puntual del caso, no impide dejar una sensación que podría demostrar que no han existido políticas claras de reconocimiento de responsabilidades del Estado y políticas de reparación a las víctimas, porque, de haberse implementado, tal vez, no se cierre la posibilidad de problematizar el período, pero habría un ánimo mucho menos conflictivo de abordar un tema tan delicado.
Mucha de nuestra actual base política, económica y social, tiene su primera piedra en un período no democrático, y esto, dentro del actual ambiente político ha sido materia de disputa, pero no materia de debate. Si miramos hacia la Justicia, aún persiste vigente la Ley de Amnistía, el funcionamiento de tribunales militares en tiempos de paz, e incluso perpetradores condenados por delitos de lesa humanidad, logran salir de prisión.
Puede ser muy estricta la percepción, incluso injusta, pero queda la profunda sensación que, entre tanta escaramuza del debate social, se ha pisoteado la importancia y el respeto que debemos darle a la historia y la memoria, conocimiento y sabiduría colectiva, herramienta que nos aleja de los horrores del pasado, esos que, a pesar de la palabra de algunas actorías políticas, hay más de 1.300 voces que le hablan a la conciencia nacional y nunca las van a poder negar.
En Avenida Brasil están las grandes piezas metálicas que conforman un memorial levantado hace algunos años, recordando el lanzamiento de cuerpos como forma de represión política, como ocurriera con Marta Ugarte. A pesar de ciertas intenciones, este 30 de agosto, las voces de la memoria seguirán golpeando, como olas, las costas de Valparaíso.
R.S.
Foto: memorial a los Detenidos desaparecidos y Ejecutados políticos, Valparaíso. Ruta de la memoria, Ministerio de Bienes Nacionales.