Existen bandas que construyen catedrales sonoras y otras que prefieren construir hogares. Yo La Tengo, el trío de Hoboken, Nueva Jersey, pertenece definitivamente a esta última categoría. En su discografía, extensa y generosa, hay un punto de inflexión donde la experimentación y la calidez doméstica alcanzaron una alineación perfecta. Nos referimos a I Can Hear the Heart Beating as One.
Lanzado originalmente el 22 de abril de 1997, este álbum no es solo una colección de canciones; es un ecosistema. En él, Ira Kaplan, Georgia Hubley y James McNew lograron algo que parecía imposible: que el ruido más abrasador y la bossa nova más sutil convivieran bajo el mismo techo sin hacerse daño.
Lo que hace que este collage de intimidad siga latiendo con fuerza casi tres décadas después es su absoluta falta de pretensión. A lo largo de sus 68 minutos, la banda nos guía por un laberinto de géneros que fluye con una naturalidad asombrosa.