Hacia 1969, la brújula de The Doors parecía haberse extraviado definitivamente. Tras las críticas negativas a The Soft Parade y el infame incidente en Miami que culminó con el arresto de Jim Morrison por supuesta conducta obscena, la banda tocaba fondo. Era el punto más bajo: decadencia, un Morrison mentalmente errático y con sobrepeso, una creatividad esquiva y relaciones internas seriamente deterioradas.
Sin embargo, contra todo pronóstico, aún hubo espacio para un canto de cisne a la altura de la leyenda. A finales de 1970, el cuarteto, junto a músicos de sesión, logró recuperar la magia en la intimidad de su sala de ensayos. Alejándose de la psicodelia, las nuevas composiciones se orientaron hacia un blues pesado y visceral. El electrizante canto de cisne del cuarteto es un álbum grabado en un ambiente relajado y coproducido por la banda junto a Bruce Botnick.