Hoy nos embarcamos en un viaje hacia 1991, un año bisagra para la música británica. Mientras Londres miraba hacia el rave, en los suburbios de Bristol un colectivo de DJs y artistas llamado 'The Wild Bunch' estaba cocinando algo radicalmente distinto bajo el nombre de Massive Attack.
Blue Lines no fue solo un álbum debut; fue el manifiesto de un nuevo lenguaje que la prensa terminaría bautizando como trip-hop, aunque ellos siempre prefirieron llamarlo simplemente 'el sonido de Bristol'. Es una amalgama perfecta donde el alma del soul, la profundidad del dub jamaicano, la rítmica del hip-hop y una pizca de punk se funden en una atmósfera densa y nocturna. Hoy lo escuchamos de principio a fin, apreciando esa producción pulcra que cambió la forma de entender la electrónica de dormitorio.