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Editorial: USS Nimitz. Un animal sumamente peligroso descansando a metros de nuestras casas
Durante este fin de semana bajo el sol otoñal de abril, las aguas de Valparaíso capturaron la atención de transeúntes y turistas. La imponente silueta del portaaviones USS Nimitz, un gigante nuclear construido solo con fines bélicos se estacionó en nuestras costas y muchos lo vimos como un animal sumamente peligroso descansando a metros de nuestras casas. Pues mientras en Chile su presencia se vende como un ejercicio de "buena voluntad" y "cooperación regional", la realidad técnica y política dicta una narrativa más urgente: el Nimitz no está aquí para estrechar manos, está aquí porque es el símbolo de una hegemonía que, a miles de kilómetros, libra una de las batallas más peligrosas del siglo XXI.
Cuando el Nimitz surca las aguas chilenas, lo hace cargando un historial que define la hegemonía militar contemporánea. No debemos olvidar que este buque —el más antiguo en servicio de su clase— fue una pieza central en la Guerra del Golfo en 1991. Mientras hoy se habla de "cooperación regional" y "seguridad marítima", en los años 90 el Nimitz representó la capacidad de una nación para trasladar, de forma autónoma y nuclear, un aeropuerto entero a las puertas de cualquier conflicto, permitiendo que la Operación Tormenta del Desierto ejecutara ataques con una precisión y volumen que desarticularon al cuarto ejército más grande del mundo en cuestión de semanas.
Para entender la "real dimensión" de este navío hoy, o debemos mirar el presente de la guerra con Irán. Solo hace semanas, el Pentágono decidió extender la vida útil de este portaaviones hasta 2027, cancelando su retiro programado. La razón es simple: la capacidad de proyección de fuerza aérea de EE. UU. está al límite debido al bloqueo del Estrecho de Ormuz y la escalada de hostilidades iniciada en febrero de este año.
El Nimitz no es un invitado de honor en nuestro puerto; es una pieza de ajedrez estratégica que circula por el continente precisamente para demostrar que Washington puede mantenerse operativo incluso cuando sus rutas tradicionales están bajo fuego.
La crisis energética en Europa y el desabastecimiento global derivados del conflicto con Irán son el telón de fondo de esta visita. Mientras el Nimitz realiza "operaciones de paso" con la Armada de Chile, su verdadera misión es el control de los flujos marítimos. Su presencia en el Cono Sur es un mensaje a las potencias emergentes: EE. UU. todavía reclama el derecho a patrullar cualquier océano, independientemente de cuántos frentes de guerra tenga abiertos.
Resulta inquietante que la nota oficial resalte la "interoperabilidad" con fuerzas locales en un momento donde la retórica de guerra contra Teherán está en su punto más álgido. Al integrar a marinas regionales en maniobras con el Grupo de Combate del Nimitz, se genera un alineamiento tácito, nos gusté o no, nos hace entrar en la guerra.
El brillo de los aviones F/A-18 Super Hornets sobre Valparaíso no debe distraernos del hecho de que esos mismos aviones son los que hoy ejecutan la 'Operación Hammer' sobre instalaciones estratégicas en suelo iraní, cobrando cientos de víctimas civiles.
La presencia del USS Nimitz en nuestras costas es un recordatorio de que La guerra no es un evento lejano cuando su principal herramienta está estacionada frente a nosotros. la seguridad global es una red interconectada. No podemos celebrar su llegada como un simple evento turístico o militar de rutina mientras su despliegue global está dictado por la necesidad de asfixiar a una nación al otro lado del globo. Su visita a Valparaíso es un recordatorio de que, en la geopolítica moderna, no existen las aguas tranquilas; solo existen zonas de influencia, y Chile, por unos días, es el puerto de descanso de una maquinaria que tiene el dedo puesto en el gatillo del conflicto más volátil de nuestra era.

