He leído las noticias de hoy, oh niño, y no dejan de invadirme sentimientos de pesimismo enlazados con esperanzas. En el frente interno estamos bastante lejos de las promesas de campaña que prometían la expulsión de la inmigración ilegal y la contención de la delincuencia. Nada más lejos de la verdad, mientras tanto se construye una zanja en el norte que tiene mucho de elefante blanco y esta mañana aparece un cuerpo maniatado y decapitado en la Cuesta Zapata. Y así vemos que las estadísticas de crímenes se mantienen sin descenso significativo.
El éxito de la misión Artemis II, nos recuerda que el futuro está en las estrellas y el espacio, devolviendo la épica de la conquista del Cosmos al discurso de la humanidad. Pero en nuestra tierra “tan redonda y una sola no más”, la guerra campea al fracasar el diálogo entre los involucrados. El reyezuelo de Washington despliega una verborrea de exitismo y amenazas, el Papa León XIV enfrentándolo pidió el fin de la idolatría del ego y el dinero que caracterizan al especulador inmobiliario, además del fin de la exhibición de la fuerza bruta y la guerra criminal. ¡Basta!
Finalmente, ayer Perú y Hungría votaron por nuevos gobiernos. La gran noticia la dio Hungría, en donde el conservador Péter Magyar logró poner fin a 16 años de conducción del nacionalista Viktor Orban, prometiendo el fin a la corrupción de su predecesor que construyó un sistema político que hibridó elementos de democracia y autoritarismo en una suerte de “Estado Partido”. He leído las noticias de hoy, oh niño, y no son más que promesas y promesas en un mundo en que la cuña efectista es finalmente es más fuerte que la realidad de los hechos que nos aplasta.
René Cevasco