RVL modifica su programación en vivo

En línea con la política de la UV, la emisora privilegia el aislamiento social a través del trabajo remoto.

En línea con la política de la Universidad de Valparaíso de promover el aislamiento social a través del trabajo remoto debido al Covid-19, desde este lunes Radio Valentín Letelier, emisora de la casa de estudios, está transmitiendo en vivo su programa matinal “Café Negro” desde el hogar de cada uno de quienes son parte de este espacio radial.

“Café Negro” es un magazine radial que se transmite de 9 a 13 horas, en el que junto con una cuidada selección musical, su conductor y programador, Eduardo Drouillas, conversa con distintos panelistas e invitados, ahora todos por vía virtual, entre los que destacan especialistas de distintas disciplinas de la Universidad de Valparaíso.

A ello se suma, y en el marco de la nueva temporada de este programa, el reporte informativo que realiza en distintos momentos de la mañana la periodista Javiera Allendes, quien da cuenta de las principales novedades de la jornada en torno a las medidas que se adoptan en la Región y el país para hacer frente a la emergencia sanitaria.

El resto de los programas por ahora no se emitirán, por lo que en cada uno de los horarios Radio Valentín Letelier tendrá una parrilla musical ideal para acompañar a quienes están en sus domicilios y a quienes aún deben acudir a sus puestos de trabajo.

“Se trata de un esfuerzo técnico y humano que hemos concordado para proteger a nuestros funcionarios y funcionarias, asumiendo que de este modo también cada uno y cada una contribuye a disminuir los riesgos de nuevos contagios”, explica David Carrillo, director de Extensión y Comunicaciones de la UV y director responsable de RVL, quien destacó el esfuerzo Eduardo Drouillas, Javiera Allendes, Javier Moraga y Agustín Vásquez, quienes tienen a su cargo este programa.

Radio Valentín Letelier se puede escuchar a a través de sus señales 97.3 FM y 94 AM, y online en rvl.uv.cl.

Sorprendió el momento, pero no el hecho.

En efecto, desde diciembre pasado y a raíz del historiado viaje de la Presidenta a la Araucanía del que se enteró por la prensa, la posición de Jorge Burgos como ministro del Interior era feble. Tan feble que el tantas veces vaticinado cambio de gabinete se reduce, por ahora, a su salida.

Burgos había ido desapareciendo de la escena. No tenía sintonía con Bachelet hacía rato, se sabe, aunque hayan circulado fotos de un apretado abrazo que se dieron en el momento de la partida y el propio exministro haya dicho que su amistad se fortaleció en estos trece meses en los que fue su jefe de gabinete. Pero tampoco se entendía con el subsecretario Mahmud Aleuy y estaba en guerra con el segundo piso de La Moneda. Todo eso lo fue aislando. Y condenando.

Versiones han surgido muchas. Que no se puso de acuerdo con la Presidenta en el nombre de algunos nuevos intendentes y por eso Bachelet le pidió la renuncia. Que fue Burgos el que entró a la reunión a renunciar, por cansancio y razones de salud. Que a la Primera Mandataria no le gustó que Burgos no la apoyara públicamente en su querella contra Qué Pasa. Que todo estaba decidido desde la semana pasada y por eso su sucesor, Mario Fernández, llegó el viernes 4 de Uruguay, donde era embajador. A esta altura, casi da igual, porque se sabía que Burgos se iría en un momento o en otro.

Tras trece meses en el Gobierno, todo indica que el único legado que dejará será el de las numerosas polémicas que protagonizó. La lista es larguísima y entre los highlights habría que ubicar el ya mencionado viaje presidencial a la Araucanía; el desfile de ex Presidentes por La Moneda invitados por él y aprovechando un viaje de Bachelet fuera del país; sus declaraciones contrarias a la despenalización del aborto en El Mercurio; su papel fundamental en la aprobación de la ley corta antidelincuencia, que incluye el control preventivo de identidad; su alianza con el ministro de Hacienda para hacer del “realismo sin renuncia” más renuncia que otra cosa; su fracaso en las gestiones para que Enrique Rajevic fuera contralor general de la República; su autorización para que los camioneros de la Araucanía llegaran hasta La Moneda (de hecho, hasta los recibió) y, por último, su desafortunada frase de que “no somos un Gobierno de billetera fácil” cuando el conflicto de Chiloé estaba en su momento de mayor agitación. En realidad, con tanta controversia tal vez la pregunta que habría que hacerse es cómo duró tanto tiempo en el cargo…

¿Y Fernández? Desde el momento mismo de su nombramiento fue acusado de ser tanto o más conservador que Burgos en temas valóricos, pero el nuevo ministro ya se ha encargado de desmarcarse y dejar muy clara su adhesión total al programa de la Nueva Mayoría. Aunque probablemente Burgos y Fernández piensen muy parecido y crean en lo mismo, la diferencia debería estar en su forma de actuar. Este último llegó a La Moneda para respetar el cupo de la DC en Interior, pero con la esperanza de que no ejerza el mismo nivel de autonomía que su antecesor. Tras los trece meses de polémicas de la mano de Burgos, Bachelet sueña con 21 meses de paz junto a Fernández.

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