A propósito de la querella de la Presidenta de la República en contra de la revista Qué Pasa, que alude a su director y periodistas, resulta interesante abordar la situación de los medios de comunicación en nuestro país.

Chile, entre muchas otras cosas, sobresale por carecer de diversidad en materia de medios de comunicación. El caso más emblemático es el de la prensa escrita, donde opera un duopolio, formado por Copesa y El Mercurio, que controla la mayoría de los diarios y revistas que circulan en el país.

Dicha situación es particularmente compleja, pues existe la tradición en el mundo periodístico de otorgar a los medios escritos el rol de marcar la pauta de noticias, dada la posibilidad que tienen de profundizar de mejor forma en los temas que abordan. Es muy común, por tanto, que los titulares de los medios escritos (en el caso chileno, dos) se transformen luego en el tema del día para el resto de los medios (televisión, radio y también los online), los cuales, lejos de buscar la diferencia, siguen a pie juntillas el juego de los espejos que describe Bordieu en "Sobre la Televisión", donde pone en evidencia esta situación.

Basta ver los noticiarios de televisión y los informes de las radios, que durante las mañana reproducen dichos titulares buscando reacciones, especialmente cuando afectan al Ejecutivo de turno, lo que ha convertido a los ministros voceros de Gobierno en meros comentaristas de la prensa criolla.

En este contexto, la querella de la Presidenta nos permite abrir un interesante debate sobre la situación y rol que cumplen los medios en el país, donde la pertenencia a grupos de interés o la defensa de los mismos, da cuenta de una captura y de un freno al pluralismo, tan necesario para la sanidad de la democracia.

Todo país democrático requiere de una prensa libre, pero que también sea expresión de la diversidad que existe en el mismo, lo que garantiza que todas las voces tengan el espacio que merecen. Así ocurre en las democracias modernas, donde en muchos casos el Estado juega un rol importante, pero al que en Chile, como en tantos otros casos, ha renunciado para el privilegio de intereses privados.

El periodismo es una tarea noble y necesaria. La historia está llena de episodios en que ha jugado un rol fundamental, y llena de ilustres nombres que recordar. Para cerrar esta introducción, le dejamos esta regalo a nuestros auditores, que corresponde a un grande de la poesía, que también dedicó su vida al periodismo, Gustavo Adolfo Bécquer. En su lecho de enfermo recordaba así sus tiempos en el periódico: “La primera impresión que siento, pues, al recibirlo es una impresión de alegría, como la que se experimenta al romper la cubierta de una carta en cuyo sobre hemos visto una letra querida, o como cuando en un país extranjero se estrecha la mano de un compatriota y se oye hablar el idioma nativo. Hasta el olor particular del papel húmedo y la tinta de imprenta, olor especialísimo que por un momento viene a sustituir al perfume de las flores que aquí se respira por todas partes, parece que hiere la memoria del olfato, memoria extraña y viva que indudablemente existe, y me trae un pedazo de mi antigua vida; de aquella de inquietud, de aquella actividad, de aquella fiebre fecunda del periodismo. Recuerdo el incesante golpear y crujir de la máquina que multiplica por miles las palabras que acabábamos de escribir y que salían aún palpitando de la pluma. Recuerdo el afán de las últimas horas de redacción, cuando la noche va vencida y el original escasea: recuerdo, en fin, las veces que nos ha sorprendido el día corrigiendo un artículo o escribiendo una última noticia, sin hacer más casos de las poéticas bellezas de la alborada que da la carabina de Ambrosio.

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