Ayer me dijeron que tenía tufo a trago y me quedé pensando harto rato en eso. Ahora, mientras me como un cebollín crudo macerado (por poco rato) en vinagreta, pienso que quedaré con un hálito que si alguien cruza mi metro cuadrado puede notar, y quizá retroceder, impactado.

Las féminas debemos oler bien. De preferencia a perfume (ojalá caro) o a nada. Será otra «cualidad» para  invisibilizarnos? Tenemos que ser también «inoloras» (aparte de otra serie de cosas que no somos)?

Desde tiempos remotos el olfato se asocia a la intuición más primitiva y las mujeres detentamos ese don, así es que aparte de emitir olores múltiples, sentimos aromas donde incluso no los hay. Aroma a que algo saldrá mal. Aroma a que pueden dañarnos. Olor a que algo puede pasar. Percibimos el vaho efímero de la alegría y la pestilencia de la tristeza.

Y sudamos desde la axila a los pies con intensidades diferentes. Y nuestros gases hieden y nuestra entrepierna luego de unos días apesta. Y no siempre somos flores recién cortadas. A veces somos un atado rancio y marchito y otras veces nuestro aliento puede ser como agua del florero.

El ajo se usa para ahuyentar malos espíritus y vampiros y  por eso lo como y comeré crudo o cocido (pese a sus consecuencias aromáticas)  y  para que todo aquel que se acerque a una mujer esperando que no contenga aroma o que su perfume sea la maldita primavera lo olvide, sufra una decepción y comprenda que somos carne con hueso y pelo y que pensamos siempre y a veces apestamos, como «todes».

por Ana Lazo

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