Blog Editorial
La transición pendiente: de controlar la natalidad a proteger la fertilidad
Por Aníbal Scarella Chamy
Ginecólogo, especialista en salud reproductiva
Junio conmemora el mes de la Fertilidad con el objetivo de poner en valor los logros y las necesidades aún por cubrir en materia reproductiva. Coincidentemente, este mes el INE actualizó sus cifran epidemiológicas en las que nuestro país acaba de alcanzar una tasa global de fecundidad de 0,99 hijos por mujer, la más baja de su historia. En poco más de tres décadas hemos perdido cerca de la mitad de nuestros nacimientos: de 275.916 nacidos vivos en 1993 a 146.446 en 2025. No estamos frente a una tendencia demográfica más, estamos frente a un cambio estructural que definirá el futuro económico, social y sanitario del país (INE, 2025).
La magnitud de esta transformación es difícil de exagerar. Una tasa de fecundidad bajo 1 hijo por mujer sitúa a Chile entre los países con menor natalidad del mundo, muy por debajo del nivel de reemplazo poblacional de 2,1 hijos por mujer. Las consecuencias son conocidas: envejecimiento acelerado, reducción de la fuerza laboral, presión sobre los sistemas de salud y pensiones y menor capacidad de crecimiento económico.
La discusión sobre natalidad suele centrarse en cifras, pero detrás de ellas existe una realidad más profunda. La crisis de natalidad es también una crisis de fertilidad, de información y de acceso.
Parte de esta transformación es consecuencia de dos políticas públicas extraordinariamente exitosas: la masificación de los métodos anticonceptivos y la incorporación de las mujeres a la educación superior, al trabajo y a la vida pública. Como sociedad debemos sentirnos orgullosos de estos logros. Sin embargo, las políticas reproductivas del siglo XX estuvieron orientadas principalmente a evitar embarazos no deseados. El desafío del siglo XXI es diferente: permitir que quienes desean formar una familia puedan hacerlo.
Diversos estudios muestran que el conocimiento sobre fertilidad sigue siendo insuficiente, incluso entre personas con educación superior. Muchas mujeres y hombres desconocen el impacto de la edad sobre la fertilidad y consultan tardíamente (ESHRE).
Por ello, resulta indispensable avanzar hacia una medicina reproductiva preventiva. Herramientas como la hormona antimülleriana (AMH), el recuento de folículos antrales y la preservación de fertilidad debieran incorporarse progresivamente a la atención preventiva.
A esta situación se suma una realidad frecuentemente invisibilizada: la infertilidad. La Organización Mundial de la Salud la reconoce como una enfermedad del sistema reproductivo y estima que afecta, aproximadamente, a una de cada seis personas durante su vida reproductiva (OMS, 2023). En Chile, más de 400.000 personas viven con infertilidad.
La brecha de acceso es evidente. De los más de 9.000 ciclos de reproducción asistida que se realizan cada año en Chile, apenas alrededor de 580 cuentan con financiamiento estatal. En España, aproximadamente uno de cada diez niños nace gracias a técnicas de reproducción asistida, mientras que en Francia la cifra bordea el 4%.
Figura 2. Impacto potencial de la reproducción asistida sobre los nacimientos. Elaboración propia con datos INE y registros europeos.
Si Chile aspirara siquiera a que un 5% de sus nacimientos proviniera de técnicas de reproducción asistida, ello supondría más de 7.000 nacimientos al año. Si alcanzara proporciones similares a España, la cifra podría aproximarse a 14.000.
Por supuesto, ninguna de estas medidas resolverá por sí sola la crisis demográfica. También son necesarias políticas de conciliación familiar, acceso a vivienda, protección de la maternidad y apoyo efectivo a la crianza. Pero ignorar la infertilidad y las dificultades reproductivas de cientos de miles de personas significa renunciar a una parte importante de la solución.
Chile necesita una Política Nacional de Fertilidad, que incorpore educación reproductiva, prevención, preservación de fertilidad y acceso efectivo a tratamientos. No se trata únicamente de aumentar los nacimientos. Se trata de garantizar que quienes desean formar una familia puedan hacerlo.
Porque detrás de cada estadística hay una historia personal. Y porque, en un país que envejece aceleradamente, cada nacimiento cuenta.
Ni uno/a menos.
Aníbal Scarella es vicepresidente de la Sociedad Chilena de Obstetricia y Ginecología (SOCHOG); past president de la Sociedad Chilena de Medicina Reproductiva (SOCMER) y director del Centro de Reproducción Humana de la Universidad de Valparaíso
