Hora Crítica

Las decisiones políticas inciden de manera fundamental en la vida de los ciudadanos, por lo que no pueden ser de incumbencia solo de quienes se dedican a esta actividad. Por ello, la información, discusión y análisis de los temas políticos debe ocupar un lugar central en la vida de las personas, pues de ese modo es posible exigir a quienes ejercen cargos públicos y de representación popular que actúen en consecuencia, representando de manera adecuada a quienes les eligieron.

Por ello, en Hora Crítica de Radio Valentín Letelier de la Universidad de Valparaíso buscamos contribuir al necesario debate sobre los temas de la contingencia nacional, a través del análisis de los distintos puntos de vista que cruzan la discusión política en nuestro país.

SINTONIZA

Viernes 13:30 a 15:00


David Carrillo
Conductor

Una semana compleja

Qué semana. Mientras cundía la agitación por el proyecto de educación superior ingresado al Congreso hubo que hacer un alto para sorprendernos por el último número de la clase política: la millonaria pensión de la militante socialista Myriam Olate, esposa nada menos que del presidente de la Cámara de Diputados y ex timonel del PS, Osvaldo Andrade.

 

Cuando los chilenos lamentan más que nunca los escándalos de la política y cuando apenas se discute sobre las paupérrimas pensiones que están recibiendo los jubilados (y eso que el grueso de los cotizantes de las AFP aún no pasa al sector pasivo), seguramente por la resignación de muchos ellos, la situación de la ex funcionaria de Gendarmería no es más que otra bofetada del mundo de la política a los chilenos.

Pero como ha sido una semana noticiosa como ninguna, el jueves conocimos la decisión del juez Mario Carroza de procesar por el delito de cómplice de 15 homicidios al ex comandante en jefe del Ejército, Juan Emilio Cheyre, a quien algunos llaman el general del “Nunca más”, una frase cuyo contenido a la luz de la historia se torna cada vez más vacía y carente de significado y valor.

Este hecho, junto con ser una esperanza de justicia para las víctimas y sus familias, pone en evidencia lo feble que es la memoria de un país, cuyas autoridades en los últimos se encargaron de obrar para favorecer el olvido. Ese no querer saber lo que pasó se cae pedazos con estos casos que nos obligan a repensar cómo se ha abordado el tema de los derechos humanos en Chile. Es cierto que en los primeros años de democracia pudo resultar entendible ciertos grados de prudencia, sobre todo ante la amenaza latente de un Ejército aún guiado por Pinochet. Sin embargo, el avance de la normalización democrática podría haber generado el imperativo moral de restituir la convicción que movilizó a muchos de los que han gobernado para decir que es tiempo de hacer justicia, de que no es posible esconder debajo de la alfombra el dolor y la historia de nuestro país. Si se mantiene esta mirada simplemente se está legando una triste herencia a los hijos y nietos de víctimas y también de victimarios, que seguirán cargando unos con el dolor y otros con la culpa.

Seguir sosteniendo que lo ocurrido en Chile en materia de violaciones a los derechos humanos fue solo producto de la acción de un grupo de “locos” que operaba dentro de las Fuerzas Armadas no resiste mayor análisis. Hay que decirlo con todas sus letras: Todos los miembros de las instituciones militares, desde el mismo 11 de septiembre, fueron parte de una acción institucional en contra de ciudadanos chilenos. ¿O acaso los pilotos de los Hawker Hunter, cuya identidad la Fach de niega a revelar, abordaron sus aviones por iniciativa propia para ir a matar a quienes ocupaban el Palacio de La Moneda?  Ciertamente este ejemplo no se sustenta, por tanto, no hay que ser mago para deducir que todo integrante de las Fuerzas Armadas tuvo, en distintos niveles, algún tipo de acción en contra de otro chileno desarmado. Por eso, es el momento de cambiar la mirada y la forma de abordar la manera de entender el rol de las instituciones armadas durante la dictadura.

 

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